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Analistas 12/08/2021

Inflación y tasas

José Ignacio López
Director Ejecutivo Investigaciones Económicas en Corficolombiana

La inflación de julio en términos mensuales de 0,32% superó las expectativas del mercado de 0,04%. Con este dato, la inflación anual llegó a 3,96%, la mayor desde diciembre de 2017. Buena parte del aumento de los precios al consumidor en julio se debe al incremento en los precios de los alimentos, que aportaron 0,29 puntos porcentuales de los 0,33 puntos de aumento.

La inflación anual de los alimentos al interior del hogar aumentó en dicho período a un nivel de 9,81%, después de un leve descenso a 8,52% en junio. El efecto de los bloqueos en mayo sigue presente en la dinámica de precios de algunos productos como los huevos, el pollo, la carne y los aceites. A este fenómeno se le suma la presión alcista asociada al aumento en las tarifas de transporte marítimo -en particular el costo de contenedores-, el aumento generalizado de los precios de materias primas en los mercados internacionales y la devaluación del peso colombiano.

Los cuellos de botella logísticos a nivel global y las interrupciones de puertos en el Asia debido a los protocolos y contagios han resultado ser más persistentes de lo esperado, lo cual sugiere que los costos de los fletes seguirán en niveles relativamente altos por lo que resta de este año.

Adicional a las presiones sobre los precios de los bienes transables (aquellos que comerciamos con el resto del mundo), se le añade una aceleración en los precios de los servicios que, si bien aún es incipiente, refleja la recuperación de la demanda en varios sectores. La inflación anual de servicios fue de 1,83% en julio, el doble de la observada en marzo de este mismo año.

Varias de los factores que explican el aumento de la inflación son de naturaleza transitoria, pero pueden ser lo suficientemente persistentes para mantener los precios al alza en los próximos meses. De hecho, el Banco de la República revisó en su último informe de Política Monetaria su pronóstico de inflación para final del año a 4,1%. Es probable que la cifra definitiva sea incluso superior a este pronóstico.

Frente a este panorama de mayor inflación, la autoridad monetaria y los mercados financieros ya anticipan un aumento de las tasas de interés de referencia. Un aumento de la inflación, con tasas de interés nominales constantes, reduce la tasa de interés real. La economía continúa con su proceso de recuperación con lo cual, y a pesar de que el mercado laboral sigue rezagado, sugiere que el Banco de la República debería tener una postura de política monetaria menos expansiva. Adicionalmente, con un déficit en cuenta corriente que se está ampliando nuevamente y podría cerrar el año en un nivel cercano a 4,5% del PIB y un panorama fiscal retador, la tasa de interés neutral real de equilibrio es quizás mayor. Un aumento de 75 puntos básicos en lo que resta del año podría ser el nuevo escenario base consistente con mantener las expectativas de inflación ancladas y buscar un nivel más prudencial de tasas frente al desequilibrio de cuentas externas y fiscales.

Aumentar las tasas no será popular, menos en un proceso de recuperación económica. No obstante, las tasas de largo plazo vienen en aumento desde comienzos del año, de tal suerte que un aumento gradual y moderado de la tasa de política no debería ser disruptivo, y podría reducir la prima de riesgo de largo plazo al anclar de manera más precisa las expectativas de inflación y reducir la vulnerabilidad del país dado los desbalances presentes.