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Analistas 02/03/2026

Jóvenes, ¿voto o factura?

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas
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En Colombia llevamos décadas repitiendo que “los jóvenes son el futuro”, cuando en realidad son el presente, y seguimos preguntando qué quieren, como si fuera un acertijo generacional, cuando lo que falta es respuesta, ejecución y coherencia. Los jóvenes de hoy son distintos, están más atentos y mejor informados; ahora esa distancia entre prometer y cumplir no se discute en un foro: habrá de cobrarse en las urnas.

Empecemos por lo básico y con datos. Para el Dane, en Colombia la juventud va de los 14 a los 28 años. En 2026 habrá 13.164.767 jóvenes, 24,7% de los 53.399.171 habitantes del país. Son 6.679.833 hombres y 6.484.934 mujeres.

De acuerdo con el perfil del votante colombiano 2022 de la Registraduría, la participación alcanzó ese año cerca de 55% del censo en primera vuelta y 58% en segunda. En 2026 habría 9.777.190 jóvenes (18-28) habilitados, 24,9% de toda la población en edad de votar, lo cual significa que, con una participación similar a 2022, podríamos esperar alrededor de 5,38 millones de votos jóvenes (si vota 55%) o 5,67 millones (si vota 58%).

Uno de cada cuatro votos efectivamente depositados tendrá acento juvenil. Y ese acento puede inclinar la balanza en marzo, mayo… y quizá junio. La “próxima generación” es en realidad un fuerte determinador: el futuro ya está tomando decisiones.

¿Creen en la democracia? Sí, pero no la idealizan. El estudio “Jóvenes en Sociedad” (de Cifras & Conceptos) muestra ambivalencia: 61% dice que es muy importante vivir en un país gobernado democráticamente, pero solo 20% está muy satisfecho con su funcionamiento y 32% poco satisfecho. Y la molestia tiene frase propia: 29% siente que la democracia “solo sirve a los políticos” y 20% que se reduce a votar.

La confianza también habla. En ese mismo estudio, la Registraduría marca 72% de confianza, mientras los partidos políticos apenas 22% y los medios 33% (influenciadores 28%). Si queremos una democracia que no sea solo “día de elecciones”, toca preguntarnos qué instituciones están siendo dignas de confianza y cuáles no.

Entonces, más que preguntarnos qué quieren, es cómo respondemos ante un inventario de urgencias. Reportan demoras en salud (51%), inseguridad (49%) y falta de empleo (44%) como los problemas que más los afectan; también mencionan el acceso a educación superior (21%) y la corrupción que no se sanciona (17%). Y el círculo se cierra cuando apenas 18% dice haber llegado a educación superior (universidad o posgrado), mientras 52% trabaja y 18% estudia y trabaja.

No es raro que planear a largo plazo les dé angustia. Crecieron con crisis ambiental, guerras, polarización y tragedias en tiempo real. La incertidumbre ya no es un episodio, es el fondo de pantalla; con un clic pueden ver lo peor del mundo antes del desayuno. Eso instala un estado de alerta permanente, erosiona la sensación de control y deja a muchos, sobre todo en pobreza o clase media, con poca esperanza en promesas sin respaldo.

Los jóvenes necesitan respuestas y responsabilidad de los políticos, apoyo del sector privado e información veraz de los medios, porque una democracia de formulario -marcar una casilla- se queda corta. Los jóvenes piden democracia con resultados y que la promesa tenga cronograma. Si no, el voto será castigo. Y eso también es juicio.

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