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Economía circular

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Ignacio Hojas Presidente de Unilever Middle Americas

EEn los últimos años hablar de economía circular, desechos, plástico y océanos, se ha convertido en tendencia mundial. Economía circular es un término que nos da esperanza y miedo a la vez, un cambio de paradigma tan grande que requiere de un esfuerzo sostenido.

Las compañías están volcando sus estrategias de negocio a la producción y consumo responsable, y dentro de esto, la circularidad ha tomado papel protagónico. Y no es para menos: según cálculos de Accenture Strategy, pasar de la economía lineal a una economía circular baja en carbono tiene potencial para generar beneficios económicos, sociales y ambientales a nivel mundial por $US4,5 trillones a 2030.

Cuando hablamos específicamente de plásticos, el desperdicio de este material representa entre $80 y $120 billones de pérdidas para la economía global, según el Foro Económico Mundial.

En el caso de Colombia, se generan 12 millones de toneladas anuales de desechos, de los cuales solo se aprovecha 17%. La conciencia generada especialmente alrededor de los plásticos en la industria de consumo ha hecho que todos queramos ser parte activa de la solución. En Unilever sabemos que uno de nuestros principales impactos es el manejo de los empaques después del consumo. Por eso, a nivel mundial, nos hemos comprometido para que, en 2025, 100% de nuestros empaques sean reutilizables, reciclables o compostables y 25% de su composición sea procedente de materiales posconsumo.

En Colombia el esfuerzo no ha sido menor. Después de más de un año de investigación y desarrollo, hemos logrado que desde ahora y para siempre, todas las botellas del detergente líquido FAB que entren al mercado, estén siendo fabricadas 100% con plástico recuperado posconsumo. Alineados con objetivo de hacer y vender marcas con propósito, FAB se convierte en un producto sostenible por fuera (empaque) y por dentro (formulación biodegradable, sin fosfatos), fabricado en una de las plantas de detergentes más modernas y eco-eficientes del mundo en Palmira (cero residuos, circuito cerrado de agua) y lo más importante, con una comunicación que dista mucho del mensaje tradicional publicitario enfocado en el beneficio funcional del producto, para apostarle a la generación de conciencia del consumidor.

Es solo un paso, pero nos anima a seguir experimentando con materiales y marcas para acercarnos más al modelo circular. A pesar de los esfuerzos de cada uno, sabemos que esto no será suficiente. La generación de residuos sólidos podría llegar a 18,47 millones de toneladas en 2030.

Ante este inquietante panorama se hace urgente una pronta articulación desde todos los frentes y con todos los actores. Si bien ya existen planes en marcha sobre el manejo responsable de los residuos en materia normativa, el camino por recorrer es largo y los incentivos aún son pequeños.

La responsabilidad que tenemos como jugadores en la industria atraviesa toda la cadena, demanda apuestas importantes por la innovación, la revisión de nuestros procesos, el desarrollo de iniciativas de colaboración con proveedores y clientes, pero también con otras industrias y gobiernos, hasta llega al consumidor. Con escenarios adaptados a la realidad del país y claridad, Colombia puede convertirse en un referente en Latinoamérica en el paso a la economía circular.

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