Ahí está la línea divisoria: la que separa a un gobernante de un tirano, y a los ciudadanos, con voz y voto, de simples súbditos
Y, sin duda, según la definición habitual -en la que no creo- de éxito, esa persona al menos refleja hacia el exterior que su carrera y su marca personal han crecido a un ritmo acelerado.