El país es pobre, desigual y violento. Requiere instituciones efectivas, con reglas inteligentes sobre partidos y financiación de campañas, sin presidencialismo ni centralismo
El verdadero obstáculo no es la falta de principios, sino “el exceso de regulación y su efecto sobre la innovación, la inversión y la competitividad”
Debemos decirlo con claridad y sin rodeos: si no hacemos nosotros la política, nos la hacen. Si nos alejamos por fastidio o temor, terminarán decidiendo otros, y no tendremos ningún pretexto en el futuro para quejarnos por no haber sabido construir el país que merecemos