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El nuevo perfil del comprador de arte en el país
Las casas de subastas identifican un relevo generacional en el mercado del arte, donde conviven jóvenes coleccionistas, nuevos compradores e inversionistas dinámicos
Por años se creyó que el mercado del arte estaba asociado únicamente a coleccionistas con un amplio patrimonio y décadas de experiencia. Sin embargo, ese panorama ha comenzado a cambiar. Cada vez más nuevas generaciones compran obras al verlas como una forma de construir patrimonio, expresar su identidad y participar en la actividad cultural.
La transformación responde a un mercado que ha ampliado su alcance mediante procesos de educación, digitalización y una mayor oferta de piezas para distintos presupuestos, factores que han permitido democratizar el acceso al coleccionismo. De acuerdo con un estudio de Art Basel, los millennials y la generación Z están ganando protagonismo en el mercado global del arte, impulsando nuevas formas de comprar.
Sin embargo, el coleccionista joven no es el único perfil que existe. Según Santiago Valencia Parra, director de La Independencia Casa de Subastas & Anticuario, hoy hay tres perfiles dentro del mercado en el país.
El primero corresponde al coleccionista consolidado, un comprador con años de experiencia, criterio definido y amplio conocimiento del mercado. Frecuenta ferias y exposiciones, mantiene contacto con artistas y galerías y combina el interés cultural con el potencial de valorización de las obras. “Son personas muy educadas dentro del mundo del arte. Saben exactamente qué buscan y construyen sus colecciones con una visión de largo plazo”, explicó.

El segundo grupo está conformado por los nuevos coleccionistas, personas entre los 27 y 40 años que comienzan a destinar parte de su capital a construir una colección propia. Aunque analizan la trayectoria del artista y el potencial de valorización, también priorizan obras con las que desarrollan una conexión personal. Para Valencia, representan el relevo natural del mercado. “Son quienes dentro de diez o quince años serán los grandes coleccionistas del país”, afirmó.
El tercer perfil es el comprador esporádico, personas que no coleccionan de manera permanente, pero encuentran en las subastas la oportunidad de adquirir una obra por gusto personal o como una primera aproximación al coleccionismo. Para el experto, esto demuestra que el mercado ha dejado de percibirse como un espacio exclusivo para grandes fortunas.
Desde Bogotá Auctions, su directora Charlotte Pieri coincide en que el mercado se ha diversificado. Además de quienes realizan sus primeras compras, identifica a compradores profesionales o dealers, que buscan oportunidades de valorización y reventa, así como a coleccionistas especializados que construyen sus colecciones con base en un conocimiento profundo del mercado y de la historia. “No existe un único perfil de comprador de arte en Colombia; el mercado se ha diversificado considerablemente”, señaló Pieri.
Pieri también destaca que los compradores son hoy más informados. Investigan la trayectoria de los artistas, comparan resultados de subastas y entienden mejor factores como la autenticidad, la procedencia, el estado de conservación y el comportamiento de la oferta y la demanda. Además, considera que las subastas han contribuido a rejuvenecer el mercado al ofrecer procesos más transparentes, acompañamiento y presupuestos variados.
Este mayor acceso a la información también ha transformado los criterios de compra. Según Pieri, en los últimos años se ha consolidado una mayor cultura de mercado, pues los compradores conocen mejor cómo se forman los precios y cuentan con más herramientas para evaluar una obra antes de adquirirla. “Hoy los compradores conocen mejor cómo se forman los precios, comparan resultados de subastas, investigan la trayectoria de los artistas y cuentan con mucha más información antes de tomar una decisión”, explicó.
Aunque la valorización sigue siendo un factor importante, las motivaciones cambian según el perfil del comprador. Los coleccionistas más experimentados equilibran el valor cultural de las piezas con su potencial económico, mientras que los más jóvenes buscan obras que también generen una conexión personal. “La idea es que las personas compren aquello que realmente les resuena, no únicamente pensando en cuánto puede valer”, señaló Valencia.
Para Pieri, la decisión de compra también suele ser el resultado de un equilibrio entre la emoción y la racionalidad. La conexión personal con la obra continúa siendo fundamental, pero está acompañada por criterios como la autenticidad, la procedencia, el estado de conservación y la percepción de estar pagando un precio acorde con el mercado. “La conexión personal con la obra sigue siendo fundamental: que guste, que genere una emoción o que tenga un significado especial”, afirmó.
A este cambio en el mercado local se suma un fenómeno internacional: el creciente interés de compradores extranjeros por el arte colombiano. El reconocimiento alcanzado por creadores nacionales en museos y galerías del exterior ha despertado el interés de coleccionistas que encuentran en Colombia precios más competitivos que en otros mercados. “Muchos llegan sabiendo exactamente qué artista buscan. Descubrieron su obra en el exterior y encuentran aquí precios de oportunidad que difícilmente consiguen en otros mercados”, explicó Valencia.
En su opinión, hoy convergen compradores nacionales e internacionales con perfiles más diversos. Para Pieri, en el caso de los compradores internacionales las motivaciones son similares a las de los nacionales: algunos llegan buscando artistas colombianos o latinoamericanos que ya conocen, mientras otros descubren el mercado por la calidad de las obras y sus precios competitivos frente a otros mercados.
A esto se suman los extranjeros que han vivido en Colombia y buscan adquirir obras que representen un vínculo con el país. “Muchos extranjeros que han vivido en Colombia adquieren obras que representan un vínculo con el país y que conservan como recuerdo de una etapa importante de sus vidas”, explicó Pieri.
Así, el mercado colombiano reúne hoy compradores con perfiles y motivaciones cada vez más diversos, desde quienes realizan su primera adquisición hasta coleccionistas especializados, dealers, inversionistas y compradores internacionales. La mayor disponibilidad de información y el acceso a obras para distintos presupuestos han contribuido a ampliar el público interesado en el arte y a transformar la percepción de que el coleccionismo es una actividad reservada para grandes fortunas.
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