El Banco de la República completó una reducción de 200 puntos básicos de sus tasas de interés de política en lo corrido del año, ahora en un mínimo histórico de 2,25%. El último recorte de 25 puntos básicos estuvo acompañado por unas proyecciones de crecimiento más sombrías por parte del equipo técnico del Emisor.

Las nuevas proyecciones oficiales del Banrep sugieren que el crecimiento del PIB este año estará entre -6% y -10%, por debajo del rango previo de -2% a -6%, lo cual sería consistente con una brecha del producto para finales de este año (la diferencia entre el PIB observado y el de largo plazo) entre -5% y -7%. El equipo técnico también recortó el rango esperado de la inflación para final de 2020 al rango 1% - 2%, que previamente incluía el 3% como cota superior.

La inflación, por su parte, sigue en descenso. El dato de inflación anual de julio fue de 1,97%, acumulando una caída de 189 puntos básicos desde marzo. Desde mediados de 2014 la inflación no se encontraba por debajo del límite inferior del rango meta de BanRep (2% a 4%). Con esta reducción en la inflación, la tasa de interés de política en términos reales - es decir, la tasa nominal menos la inflación observada- se ubica en 0,3%, por debajo de su nivel considerado neutral de 1,4%.

Esta caída en la inflación le permitiría a la autoridad monetaria seguir recortando su tasa de interés. Muchos analistas esperan al menos un recorte adicional de 25 puntos básicos, pero la mayoría de los pronósticos sugieren un sesgo a la baja, es decir no se descarta un escenario donde las tasas se ubiquen por debajo del 2% antes de finalizar el año.

Algunos países de la región como Chile y Perú tienen tasas cercanas a cero. Tasas de interés de política cercanas a cero, o incluso negativas, se han vuelto usuales en los países desarrollados, pero todavía son la excepción, más que la regla, en los países en desarrollo. Puede ser un motivo de preocupación para países emergentes llevar las tasas de interés de corto plazo a niveles que vayan en contra del objetivo de profundizar los mercados y de forma más general de la estabilidad del sistema financiero.

En Colombia, por ejemplo, a pesar de las importantes ganancias en materia de inclusión financiera durante los últimos años, el uso del efectivo como medio de pago sigue siendo generalizado. Un nivel de tasas de interés muy bajo que desincentive el uso de productos formales transaccionales y de ahorro es una preocupación ausente en los países desarrollados, pero relevante a la hora de ponderar los costos y beneficios de políticas expansivas en países emergentes basadas en tasas bajas.

A raíz del inédito choque económico asociado al covid-19, los bancos centrales no han dudado en buscar alivianar los efectos adversos del choque con políticas monetarias expansivas. No obstante, en materia de tasas de interés cercanas a cero, así como en políticas no convencionales como la expansión cuantitativa, estamos en agua nunca navegadas por las autoridades monetarias de los países en desarrollo. La diferencia entre la profundización de los mercados financieros entre países industrializados y en desarrollo debe ser tenida en cuenta al analizar los beneficios de políticas de tasas bajas. Es de esperarse que el Banco de la República pondere de manera juiciosa estos y otros elementos a la hora de decidir sobre eventuales recortes.