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El salario mínimo (SML) se había reajustado en 9,5% a inicios del 2025, tras haberse tenido también un generoso incremento del 12% en 2024. De esta manera, la asignación mensual quedó cerca de $1,6 millones (incluyendo subsidio del transporte) en 2025. Ahora el gobierno amenaza al empresariado con endilgarle otro reajuste del 11% para el 2026, lo cual dejaría dicha asignación mensual cerca de $1.8 millones/mes. Y si se tiene en cuenta que en Colombia el empresariado (legal) debe operar con un multiplicador de obligaciones-PILA de 1,52, en realidad un trabajador formal no podrá contratarse en Colombia por menos de $2,7 millones/mes.
Este anuncio del SML coincide con la contienda, que desde ya se plantea difícil, referida a las elecciones parlamentarias de marzo-2026 y las presidenciales de mayo-2026. El Petrismo ha anunciado ese 11% en el SML como un instrumento redistributivo-electoral, olvidando que lo apropiado para ello es una tributación que ya es suficientemente progresiva y complementada con subsidios focalizados en los pobres. Ese reajuste para el 2026 estaría desbordando en casi 5 puntos porcentuales el 6,2% que resultaría de sumar la inflación (5,2%) con las ganancias en productividad laboral (1%).

En el corto plazo, estas políticas populistas aún no han hecho mella en el desempleo total, pues este ha continuado descendiendo hacia un promedio del 9% anual, a octubre-2025. Pero es evidente la precariedad de los nuevos puestos de trabajo que se han venido generando, donde priman “los independientes” en ventas callejeras (creciendo al 12%), amén de una reducción en la tasa global de participación laboral (cayendo del histórico promedio de 65.4% al 64,3%). Hacia el 2026, se tendrá un cuadro laboral aún mas exigente en materia de calidad remunerativa, pues la reforma laboral-2025 aprobó mayores cargas prestacionales al elevar el pago de trabajos nocturnos (desde 7: p.m.) y los dominicales y festivos (con recargos del 100%). Para las empresas de servicios (especialmente hotelería, restaurantes y el sector salud) esto significa una carga adicional equivalente al 15%-20%.
Cabe recordar que el buen desempeño del PIB-real, creciendo 2.8% anual durante enero-septiembre de 2025, proviene en buena medida de los sobreestímulos fiscales acompañando estas exageradas alzas del SML. Pero esto luce claramente insostenible, cuando la relación Deuda Pública/PIB ha llegado al 65%, tras dos años consecutivos de déficits fiscales bordeando el 7% del PIB.
Pero los daños estructurales continúan: i) alejamiento estructural de los salarios reales que corresponderían a las ganancias en productividad laboral; ii) convergencia del SML hacia el Salario Medio, ahora al 83%, lo cual distorsiona los premios por productividad; y iii) presiones inflacionarias salariales y agravamiento de la informalidad laboral.
En el gráfico adjunto se observa que las ganancias en productividad laboral en Colombia acumularon ganancias del 15% en la última década. Pero los reajustes en SML-real escalaron 23%. Esto ha representado clara pérdida en competitividad productiva para Colombia. Ahora bien, el populismo laboral no ha sido exclusivo de Colombia.
En España, por ejemplo, se han acumulado ganancias en productividad laboral de solo 3% (afectadas durante 2015-2020), mientras los reajustes salariales reales han acumulado un +42%. Esto ha implicado una brecha negativa entre productividad y SML-real de 38 pps en la última década allá en España; y, sin embargo, el PIB-real de España ha venido creciendo a tasas satisfactorias del 3% anual durante 2022-2025. La explicación a esta paradoja proviene del hecho de que la porción que devenga el SML en España ha fluctuado históricamente entre el 5-10% y en la actualidad bordea el 17%, luego estos ímpetus populistas no afectan mayormente el agregado macro.
Pero en el caso de Colombia la incidencia del SML llega al 65% de los trabajadores formales y esto ha venido generando “una doble brecha laboral”: no solo se ha exacerbado la inercia salarial en Colombia, atada a la inflación, también sino que la productividad laboral crece lentamente a ritmos promedio de 1% anual. Entre tanto, en los Estados Unidos se registran crecimientos de la productividad laboral a ritmos promedio del 2,5% anual. Solo en los años recientes (2023-2024) se ha observado un reajuste salarial medio que en Estados Unidos supera la productividad laboral, lo cual es coherente con su apretado mercado de trabajo, con tasas de desempleo cercanas al 4,3%.
Aunque el índice acumulado del Costo Laboral Unitario (CLU) de Colombia entre 2014 y 2024 se muestra relativamente estable (en el rango 90-100, con 2014 = 100), el CLU de los Estados Unidos le ha sacado una ventaja a Colombia de 15 pps durante la última década, lo que refleja una mayor competitividad productiva observada en ese país.
En este sentido, no debe sorprendernos que las exportaciones totales de Colombia se hayan estancado en los tres últimos años en cerca de US$50,000 millones (equivalentes a un 14% del PIB), a pesar de los buenos términos de intercambio. También se ha estancado la inversión extranjera directa en cerca de 3% del PIB y lejos está de poder promocionar diversificación exportadora, dada la nula capacidad competitiva de nuestro mercado laboral.
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