El pasado 23 de octubre la edición escrita de The Economist registró una noticia positiva sobre Colombia que ha pasado desapercibida en términos generales, mucho más por parte de los contradictores del Gobierno, relacionada con la compensación del IVA que beneficiará a más de un millón de familias en situación de pobreza.

Colombia tiene la tercera tasa de IVA más alta de Latinoamérica, solo superada por Uruguay y Argentina. Como es ampliamente reconocido en el país, la tasa de 19% del impuesto es consecuencia directa de la cantidad de productos exentos o que gozan de una tasa preferencial. Según los datos de la Presidencia, estas excepciones y menores tasas tienen un costo equivalente a seis puntos del PIB.

La esperanza de que estas excepciones al IVA se eliminen o reduzcan por parte del Legislativo son prácticamente nulas. Los últimos cuatro gobiernos, en sus innumerables reformas tributarias, han impulsado en el Legislativo proyectos de ley que encuentran dentro de su clausulado la reducción de los productos exentos del impuesto, apoyados en razones técnicas ampliamente reconocidas a nivel mundial. Sin embargo, los esfuerzos del Ejecutivo no han tenido éxito como consecuencia de que el Legislativo se rehúsa a ser parte de una causa altamente impopular. Tristemente nos gobierna es el populismo.

Ante la negativa del Congreso de avanzar en una causa común para reducir los productos exentos no hay alternativa distinta que grabar los productos con una alta tasa del IVA, lo que se traduce en que los sectores menos favorecidos deben gastar un mayor porcentaje de sus ingresos para el pago del impuesto.
Nada más regresivo que esto. Según el Gobierno, las familias gastan mínimo $37.500 mensuales en el pago del IVA. Incompresible situación que agrava aún más la brecha social que existe en el país, que nos posiciona como la nación más desigual en ingresos per cápita de las naciones que conforman la Ocde.

Ante el quite que le ha hecho el Legislativo de progresar hacia un país más justo, el Gobierno Nacional destinará más de $2 billones en la devolución del IVA, lo que representa para los hogares más necesitados un ingreso bimensual de $75.000 con alcance en los 32 departamentos. Esta fórmula, producto colombiano, está siendo llamada a ser replicada en otros países donde ya se adelantan reformas legislativas en este sentido.

Es de aclarar que esta devolución no es un subsidio más. Se trata es de recursos que se les devuelven a las familias necesitadas que no debieron nunca salir de su dominio.

La misma Ocde se pronunció así: “existe amplia evidencia empírica que demuestra que estos programas sociales utilizados para canalizar la compensación del IVA tienen efectos positivos en la equidad, la reducción de la pobreza, el logro educativo, la nutrición y otras dimensiones de la calidad de vida”.

Evidentemente, la razón llama a que en el país se eliminen de una vez por todas las exenciones al IVA y se reduzca la tasa general, pero ante esta imposibilidad hay que reconocerle al Gobierno Nacional, en cabeza del Ministerio de Hacienda y el Departamento Nacional de Planeación, el ingenio y los esfuerzos que están haciendo para lograr un país más justo, así como se lo reconoce The Economist y la Ocde.