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Las actividades vinculadas a la industria dura, comercio interno y externo y el turismo con el hotelería y la gastronomía, representan una tercera parte del PIB en Colombia y generan casi el 45% del empleo formal. El comercio exterior es un 17% de esa riqueza generada y combina manufactura y agro. En esos términos, esas actividades son las más dinámicas de la economía nacional y su evolución es clave para lograr un mayor desarrollo económico y social, estimular la inversión privada nacional y extranjera y fomentar el progreso, la innovación y la competitividad.
La política en esos sectores es responsabilidad del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, Mincit, por el que han pasado en el gobierno de Petro 4 titulares en 44 meses: Germán Umaña, (22 meses); Carlos Reyes (9 meses), Cielo Rusinque (3 meses-encargo) y Diana Morales (12 meses).
Desde el mismo arranque del gobierno de Petro, la ideología se puso por encima de cualquier consideración: “Colombia necesita crear una nueva política industrial que supere los fracasos del modelo neoliberal... No existe una política industrial en Colombia, desde hace décadas”. El tema es muy amplio para discutirlo en pocos renglones, pero el primer titular del Mincit lo tenía claro por su vocación académica y conocimiento del mundo, pero se aburrió en ese despacho, agarrado pacíficamente con Petro quien le pidió subir aranceles a rajatablas e intervenir en la Cámara de Comercio de Bogotá dizque para sacar a los Vargas Lleras. Umaña decidió irse y volver a refugiarse en la academia. Se le destaca su obsesiva idea, con una dosis de ingenuidad, de recuperar el otro floreciente mercado de Venezuela para las exportaciones nacionales, poco realista dada la pérdida del 70% de la economía del vecino país en manos de la perorata de Chávez y Maduro.
De ahí en adelante, el Mincit perdió cualquier ruta de empuje para fomentar el desarrollo productivo a través de conceptos como la productividad, innovación y conocimiento de mercados, así se hable de una “Nueva política industrial” hueca y sin fondo. Reyes, quien llegó al cargo por su lobby en el Palacio de Nariño, fantoche, superficial en la Dian y complaciente en la bronca con los empresarios y la encargada Rusinque con narrativa ideológica anti-empresa acabaron con el talento técnico en la cartera y entregaron un cascarón a Diana Morales, con cero conocimiento y experiencia de las funciones a su cargo, una formación académica alejada del sector y sin vinculación con el tejido empresarial local. Así, decidió arrimarse mansamente a la avalancha anárquica de su jefe, muy propio de la empírica narrativa de izquierda y solo hablar de la “belleza” turística.
Morales no tiene interlocución de alguna relevancia con el sector privado, no sabe de negociaciones internacionales ni de los instrumentos básicos del comercio internacional. Por eso su discurso es elemental y no lidera una agenda compartida con del empresariado.
La experiencia internacional enseña que los países con mayor progreso y riqueza se fundamentan en buena parte en empujar sus exportaciones -casos Corea y Singapur- dejar que los empresarios produzcan y hagan su trabajo y que los gobiernos solo regulen y faciliten los procesos. Colombia va en contravía: somos únicos en el mundo en parar la explotación de petróleo, gas y carbón, tenemos la última o penúltima cifra de exportaciones per cápita (US$ 1.000/año), 2,5 veces por debajo del promedio de la región y es deprimente el manejo dado a la crisis con Ecuador que desde este 1 de mayo puso 100% de arancel a las exportaciones nuestras. Y penoso el manejo dado por el Mincit, así Petro sea el gran culpable con su aire pendenciero con Noboa. Una ministra sin cuento para el sector productivo.
El mensaje de fondo importa más. La cautela y la rapidez del Consejo de Estado muestran que la institucionalidad puede reaccionar cuando el equilibrio de poderes se pone a prueba
Como dijo un político español hace unos días refiriéndose a otro tema bien distinto, pero que también azuza el fuego de la violencia: “de todos esos polvos, vienen estos lodos”