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Impulsos Transformadores

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Rodrigo Botero Montoya

Una manera de iniciar el año en actitud positiva, es analizar la actualidad nacional haciendo abstracción de la calidad de la gestión gubernamental y del ocupante transitorio de la Casa de Nariño.  Si se reconoce a la sociedad civil como la protagonista del cambio y se utiliza un horizonte de tiempo adecuado, es posible identificar tendencias favorables de modernización económica y social que no están condicionadas por las preferencias del gobierno de turno.  También permite obtener una visión diferente de la que surge de los titulares de prensa o de las redes sociales.

Más allá de la polémica partidista y de las voces disidentes, la Colombia de la segunda década del siglo XXI es una nación en la cual han tenido lugar cambios significativos.  Esos cambios no siempre se aprecian en su verdadera dimensión porque han ocurrido en forma gradual y acumulativa, a lo largo del tiempo. Habida cuenta de la fuerza del interés compuesto, los cambios de grado terminan por convertirse en cambios de naturaleza.  Así lo comprueba la comparación de la situación actual con la que existía en 1990.

Si bien ciertos cambios suelen pasar desapercibidos para quienes los contemplan día a día, hay momentos en los cuales se hacen explícitos.  Las elecciones para conformar los gobiernos subnacionales de octubre 27 dieron lugar a uno de esos momentos reveladores. La opinión mayoritaria del país manifestó su preferencia por las opciones democráticas moderadas.  Salieron derrotadas la postura pendenciera de la extrema derecha y la nostalgia bolivariana del populismo autoritario. Quienes ganaron las alcaldías de Bogotá, Medellín y Cali coincidían en apoyar los acuerdos de paz.

La elección de Claudia López como alcaldesa de Bogotá constituye un hito histórico, por tratase de la primera mujer que regirá los destinos de la ciudad capital.  Tiene además el valor simbólico de representar la aceptación de la diversidad sexual por parte de la sociedad. Los avances logrados en el estatus de la mujer en Colombia, reconocidos internacionalmente por la OCDE, tienen un estrecho vínculo con la decisión de los años sesenta de incorporar la planificación familiar a los programas de salud pública  y con la despenalización del aborto en el 2006.

El crecimiento económico, sin ser sobresaliente, se compara favorablemente con el de los principales países latinoamericanos.  El año 2019 terminó con un ritmo de inflación de 3.8%, cifra que se encuentra dentro del rango meta de la autoridad monetaria. En diciembre se completaron veinte meses de estabilidad de la tasa de interés de intervención de 4.25%, algo que beneficia a las familias que desean adquirir vivienda y a toda la actividad productiva.  Estos logros son atribuibles a la independencia del Banco de la República, una de las reformas trascendentales de los años noventa.

Estas son algunas de las tendencias de largo plazo que revelaron sus efectos benéficos durante el año 2019.  Si se logra preservarlas y fortalecerlas en el 2020, el país estaría sentando las bases para iniciar la tercera década de este siglo con optimismo.

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