La revolución del talento

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Las formas de trabajar han cambiado pero nuestras políticas se mantienen

Basta con anunciar que por una huelga se trabajará media jornada, o que por un puente se concede un día, o que por diciembre o Semana Santa se darán días extras, para escuchar una exclamación colectiva de júbilo entre los empleados. Es comprensible y cuando uno es jefe se siente complacido por motivar esas emociones, pero ciertamente dejan al descubierto un abanico de situaciones sobre la carga laboral, la productividad y el amor al trabajo, combinada con la alegría de estar en casa, salir con los amigos, prolongar el paseo o simplemente descansar.

Hago estas reflexiones después de conmemorar el Día Internacional del Trabajo la semana pasada y en medio de las discusiones propias de esta temporada sobre el desempleo, las condiciones de trabajo, la flexibilización laboral, los esfuerzos por aumentar la formalidad y asuntos de mayor actualidad y calado social como la digitalización, el teletrabajo, la robotización, la pertinencia de la educación, la responsabilidad empresarial, las lealtades entre unos y otros y los compromisos que tenemos con la productividad, con nuestra sociedad, con el desarrollo del país, más allá de un contrato de trabajo.

Las formas de trabajar han cambiado pero nuestras políticas se mantienen. La legislación laboral colombiana está desactualizada y la carga laboral de 48 horas semanales sigue anclada a un decreto de 1950 en el que se estipuló la jornada actual, que excede en 8 horas la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y 20 más que el promedio de los países del norte de Europa que lideran el listado de donde menos horas se trabajan, pero en donde hay mayor productividad.

Las 48 horas en Colombia están en el papel, pues en general la mayoría de las empresas tiene un régimen de 40 horas semanales, aunque solo ese hecho ameritaría una revisión de la legislación laboral, ponerla acorde con las necesidades del país, más flexible para que se genere más empleo y que también se pueda determinar la carga laboral con relación a la productividad.

Se han dado algunos avances con la propuesta de lograr la contratación por horas y hay grandes expectativas sobre la aplicación de la ley laboral, pero es indispensable también actualizar y modernizar el sistema de educación, sobre todo en la formación técnica, incorporar al sistema productivo una revolución del talento, acercando la tecnología a la gente para resolver problemas de la cotidianidad, como manifestó el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, al inaugurar el Centro para la Cuarta Revolución Industrial que reunirá a organizaciones empresariales, start ups, a ciudadanos e instituciones académicas para crear proyectos y afinar políticas públicas en tres líneas: Inteligencia Artificial, blockchain e internet de las cosas.

Está en proceso una transformación que obliga hacer el cambio. Las nuevas tecnologías y las nuevas estrategias de inversión extranjera directa donde se busca invertir en procesos que se inserten en las cadenas de valor están exigiendo capacidades nuevas que en Colombia no se han comenzado a desarrollar. Se deben adaptar las leyes y el sistema de capacitación técnica y profesional.

Esta revolución no solo ayudará a crear empleo, sino también a generar desarrollo en el país, adaptándonos a nuevas industrias y complementar las actuales. Las nuevas generaciones reconocen esa necesidad y esperan que ese cambio se suceda.

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