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Fútbol descalificador

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La situación es la siguiente. Tres fechas antes del final del campeonato, el equipo de casa se enfrenta a su rival de patio. El resultado del partido es definitivo para las aspiraciones del técnico local de permanecer en primera división. Tras un gran esfuerzo de sus once titanes, el equipo local pierde uno a cero y sus chances de permanecer en el rentado se ven comprometidas. La preocupación de la hinchada se refleja en el silencio de los aficionados, otras veces vociferantes, no tanto por el resultado sino porque el equipo no está jugando bien. El fantasma del descenso circunda en el estadio, con una derrota más habrá que jugar en plazas complicadas donde los hoteles no siempre tienen agua caliente y muchos recorridos ya no se harán en avión sino en bus.

Sin embargo, en la rueda de prensa, el técnico, un exjugador trajinado en las lides del fútbol, sorprende a los entendidos con declaraciones altivas. “Nunca hemos jugado mejor, nuestro juego es ejemplar, merecemos salir campeón”, son los vocablos que llenan de escepticismo a los presentes y los radioescuchas que lo siguen a nivel nacional. Algunos, sorprendidos por la incongruencia aparente entre la opinión del timonel y la campaña del equipo, se preguntan sobre su capacidad de discernimiento.

Afortunadamente para el técnico, el fútbol, a pesar de mover muchas pasiones, es solo un juego. Lo peor que puede pasar si su equipo cae a la B es que un puñado de hinchas se deprimirá por un par de meses mientras vuelven al estadio y años después, verán al motivo de sus pasiones retornar a primera división al estilo América de Cali. Nadie pasará hambre ni perderá su empleo, no se descompensarán las finanzas del país ni se perderá la confianza inversionista. Todo esto, en cambio, sí pasará si, depués de la reciente rebaja de la perspectiva de la calificación crediticia de Colombia, el gobierno sigue por el mismo camino y se pierde el grado de inversión.

Las declaraciones del presidente Santos, ante la desmejora en la perspectiva que Moody’s anunció el pasado jueves, fueron tan destempladas como las de nuestro hipotético técnico. Con un crecimiento económico que no sobrepasó 2% en los últimos dos años y el dividendo económico del proceso de paz que luce tan fantasmagórico como los rostros de nuestros hinchas, el mandatario arrancó por echarle la culpa al árbitro, el de la polarización política, de la cual él mismo es más protagonista que Silvester Stallone en la película Rambo. Pareciera que ni él ni sus asistentes técnicos, aquellos que se paran en la raya, vieran el partido que se está jugando en Estados Unidos, donde el presidente Trump, más polarizante que ninguno otro, tiene a su país creciendo económicamente.

A pesar del argumento de la polarización, el campeonato en el Not Top Ten de las declaraciones se lo lleva la corrección que le hace el presidente a la calificadora: “tenemos una economía mucho más sólida de lo que estaba antes”. Seguramente los funcionarios de Moody’s, expertos en disquisiciones sobre polarización política, olvidaron considerar este importante concepto en su documento de calificación.

Pildorita: Telefónica, socia del Estado colombiano en Movistar Colombia, lo demandó ante una dependencia del Banco Mundial, por la sentencia de un tribunal de arbitramento independiente que le dio la razón a Colombia en el cobro por los activos públicos que estaba utilizando sin pagar arriendo alguno. ¿Debe el Estado vender su participación en Movistar?

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