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Analistas 06/01/2026

The oil, stupid

Mario Alejandro Valencia
Docente universitario. Ex subdirector general del Departamento Nacional de Planeación
Mario Alejandro Valencia

Mario Alejandro Valencia

Foto: Mario Alejandro Valencia

La expresión de James Carville durante la campaña de Clinton puede ser una buena conclusión de lo ocurrido en Venezuela en los últimos días. Los propósitos expresados hasta ahora por quienes perpetraron la intervención, incluyendo la ‘colgada de brocha’ a Machado, no son la democracia ni el bienestar de su población, sino el petróleo.

Cualquier otra interpretación desconoce el curso de los acontecimientos económicos y políticos de EE. UU., en franca violación de las normas y las instituciones internacionales. Que estos actos, además, estén siendo ordenados —y apoyados en América Latina— por gobiernos negacionistas del cambio climático nos obliga a insistir en que es la transición energética, como vehículo de la transformación productiva, el camino que debemos seguir.

Superar la dependencia del petróleo ni ha sido ni será sencillo. El extractivismo, como parte importante del modelo económico, convirtió a nuestra región en la más desigual del planeta y ha obstaculizado otros caminos hacia el desarrollo económico. Esto ha ocurrido en beneficio de unas alucinantes islas de modernidad que cada vez atraen a menos incautos, quizás los mismos que hoy celebran la agresión y promueven nuevas invasiones.

No obstante, en los últimos años la región ha hecho un esfuerzo por diversificar la oferta, las exportaciones y las relaciones con otros países. Después del establecimiento del neoliberalismo en la década de 1990, se ha venido poniendo nuevamente en la agenda pública la importancia de la producción nacional, las energías renovables, la recuperación de los derechos sociales y un rol más activo del Estado en orientar la economía, en conjunción con un sector privado productivo.

Varios de los países latinoamericanos más poderosos económicamente, como Brasil, México, Chile, Uruguay y Colombia, han venido adoptando cambios significativos al llamado ‘consenso’, poniendo como pilar el bienestar de su población y una estrategia de inserción global que busca superar el rol de enclave colonial de recursos naturales.

Lo sucedido en Venezuela esta semana y las constantes amenazas contra la región son una demostración de que el neoliberalismo pasa a su fase más agresiva, donde —ante su fracaso teórico— ya no hay más argumentos. Además, los organismos multilaterales no tienen ningún instrumento para frenar estas acciones.

En este sentido, debemos promover la mayor defensa del Presidente de la República de Colombia, no solo por haber sido elegido democráticamente, sino por estar gobernando dentro de la más rigurosa esfera del ámbito constitucional. Asimismo, mantener y profundizar el sentido de la soberanía nacional y de los intereses nacionales.

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