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Corregir el rumbo

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El presidente Iván Duque, en estos primeros 100 días, se enfrenta a un reto mayúsculo y es el paro paulatino de distintos sectores en la sociedad. Los estudiantes y profesores van a cumplir un mes pidiendo más gabelas, la rama Judicial parece entra a paro el 28 de noviembre y los camioneros anuncian paro para el 23 de noviembre por el alza a los precios de la gasolina y la chatarrización.

Todo gobierno, al entrar, suele ser medido por algún sector de la sociedad; Duque, al representar el partido Centro Democrático, llegó con la expectativa de ser un gobierno de autoridad, con unos compromisos claros y apoyado por un sector que ha sabido ser directo. Así, las centrales obreras y los grupos de izquierda intentan “pulsear” su talante. Dicho fenómeno es común en las democracias. En Estados Unidos, al entrar un presidente, es frecuente que tenga alguna intervención internacional; Obama, apenas al entrar, tuvo la discusión del escudo anti misiles, el cual retiró de Europa y así, Rusia se vio libre de controlar sus fronteras con las consecuencias ya conocidas. Trump tuvo el reto de Siria, el cual asumió con fuerza y así sus enemigos y contradictores supieron a qué se atenían.

El Presidente recibió un país polarizado y con una fuerte oposición, se sabía que gran parte de la lucha iba estar en las calles; sin embargo han sido sorpresa: sus nombramientos, gabinete, mensajes a la sociedad y el gobernar sin contar cómo encontró al país. Razón por la cual no se entiende el porqué de las reformas que intenta pasar en el Congreso. El dejar de lado el partido que lo llevó al poder trae pérdida de gobernabilidad.

Los paros que se avecinan tienen una fuerte repercusión económica, sobre todo el camionero. En el pasado reciente, el país tuvo pérdidas por más de $2 billones, porque es fácil adherirse a su causa; el aumento en el precio de la gasolina afecta a todo el mundo, más si baja el petróleo, sumando un posible aumento del IVA y manteniendo unos gastos del gobierno anterior. Todo ello lleva a una situación caótica en donde los perjudicados son los consumidores y directamente el Gobierno, quien ya siente, según las encuestas, su baja imagen.

Por ello, el Presidente debe corregir el rumbo, apoyarse en su partido para lograr gobernabilidad, ejecutar las tareas pendientes como el cambio de la cúpula militar y agilizar la extradición del narcotraficante Santrich; algunas carteras deben ser cambiadas, ya que en su corta existencia han demostrado inoperancia, y frente a las medidas tributarias, debe atenuar el gravamen del IVA; primero recortar los gastos burocráticos del Estado, que según investigaciones, el gobierno anterior aumentó en más de $6 billones. Con ello puede volver a bajar el precio de la gasolina y amarrarse bien el cinturón con los sindicatos, solicitar la ilegalidad de los paros y tomar una decisión sencilla: el que no quiera trabajar, que se vaya.

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