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¿Quién quiere ser entomófago?

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Juan Isaza

Nos genera mucho interés pensar en las fuentes de alimentación del futuro. Ya nos han dicho mil veces que muchos de los alimentos que hoy consumimos no son sostenibles, que el planeta crece en número de habitantes y que la comida no va a ser suficiente. No hay un tema que genere tanto interés hoy como las fuentes alternativas de alimentación. En la generación X porque comienza a ver el impacto que la alimentación tiene en su salud, los millennials porque quieren un planeta sostenible y porque quieren encontrar formas prácticas y saludables de nutrirse. Aparecen y desaparecen plantas, granos y frutos exóticos como los nuevos “superalimentos”. ¿Por qué habíamos tenido tan olvidada la opción de comer insectos?

Un 37% de los británicos dice que estaría dispuesto a comer insectos por sus ventajas nutricionales. El número llega a casi 50% cuando se le pregunta a quienes practican fisicoculturismo y necesitan incrementar las fuentes de las que obtienen proteína. Así que la moda puede venir de los deportistas que muchas veces han inspirado movimientos en el mundo de la alimentación. Será también una oportunidad de negocios para Colombia. Por ejemplo, podría ser que las hormigas culonas se abran un espacio en la mesa global. Sabemos que 2.000 millones de personas comen insectos diariamente en el mundo, principalmente, en geografías en las que no están disponibles otras fuentes de proteína. Es decir, en la inmensa mayoría de los casos, el consumo está más ligado a la necesidad que al placer. Pero parece que las cosas van a cambiar.

Para quienes culturalmente no hemos estado expuestos a comer insectos, la idea de tenerlos en nuestros platos puede resultar repugnante. Pero hay dos marcas que han logrado innovaciones de producto que pueden resultar muy inspiradoras. La primera es Chirps, una compañía basada en San Francisco que ha encontrado la forma de hacer una variedad inmensa de productos usando harina de grillo. Es una compañía creada por tres jóvenes emprendedoras que desde la universidad comenzaron con esta idea que hoy ofrece snacks, polvo para hacer bebidas de proteínas e incluso mezcla para hacer galletas. Cada galleta lleva la harina correspondiente a 20 grillos, que equivale a tres gramos de proteína.

Eat Grub, en el Reino Unido, es otra marca que produce snacks hechos con insectos. Su website está lleno de infografías, artículos y datos comparativos sobre el impacto medioambiental de los insectos versus las fuentes tradicionales de proteína. Y esto es interesante porque como sabemos, cualquier marca hoy en día debe poner tanto valor en las narrativas y las historias como en el producto mismo. Para producir un kilo de proteína de ganado vacuno se requieren 200 metros cuadrados de tierra, mientras que con insectos, se puede producir el mismo kilo de proteína con solo 15 metros. Y hay muchos datos más sobre el uso de agua y la huella de carbono. Eat Grub promueve la creación de nuevas recetas para desarrollar todo un ecosistema de contenido que motive a más y más personas a entrar en esta onda.

Vale la pena pensarlo. La entomofagia, o el interés por comer insectos, puede dejar de sonarnos como la denominación de un desorden mental y en cambio convertirse en una fuente muy relevante de negocio. Según un reporte de Global Market Insights, el mercado de productos alimenticios con insectos superará los US$500 millones en los próximos tres años con un crecimiento superior a 40%. ¿Quién quiere sumarse a esta tendencia?

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