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La semana anterior OpenAI inició pruebas de anuncios publicitarios en ChatGPT. Esta irrupción plantea múltiples preguntas, tanto para comprender el impacto sobre los usuarios finales como las repercusiones en el negocio de la publicidad online, actualmente dominado por Google y Meta.
La introducción de la publicidad en ChatGPT es una consecuencia natural del ritmo al que OpenAI está quemando dinero. Reportes basados en divulgaciones a accionistas estimaban para 2025 un flujo de caja negativo de alrededor de US$8.000 millones, aun con ingresos cercanos a US$13.000 millones. Este desbalance presiona la monetización de la plataforma más allá de las suscripciones y los servicios empresariales. En ese contexto, llevar publicidad a sus cerca de 800 millones de usuarios activos semanales se convierte en un camino directo, aunque quizás no tan rápido como pareciera.
OpenAI ha enmarcado la introducción de la publicidad en varios principios clave que buscan priorizar la confianza de los usuarios en torno a la privacidad de sus datos por encima de cualquier consideración comercial: basar sus respuestas en “lo que es objetivamente útil y nunca en la publicidad”; no vender a los anunciantes los datos ni las conversaciones de los usuarios; y etiquetar y diferenciar claramente los anuncios de la respuesta orgánica. Aun así, la selección de los anuncios puede basarse en los temas de las conversaciones. Los anuncios se introducirán únicamente para mayores de edad en EE.UU., en los planes gratuitos y ChatGPT Go, un nuevo plan de entrada con un valor de US$8 al mes, que en Colombia se ofrece a $20.900.
En el contexto competitivo, según reportes de The Information citados por Financial Times, OpenAI estaría ofreciendo publicidad en ChatGPT a un precio de alrededor de US$60 por cada 1.000 impresiones, un nivel muy superior a los benchmarks de Google Display, donde se reportan CPM promedio en el orden de US$2-3. Esto sugiere un posicionamiento más selecto -casi “premium”- de ChatGPT frente a la publicidad masiva de Google. Vale la pena mencionar que, por ahora, Google no ha anunciado la introducción de publicidad en la aplicación de Gemini.
En el corto plazo, la entrada de ChatGPT al negocio de la publicidad no parece una amenaza directa para Google, pues OpenAI aún debe evolucionar en segmentación, métricas de desempeño y en un modelo de compra por subasta comparable al de Google Ads. En el largo plazo, el negocio sí va a cambiar: es razonable anticipar un ajuste en el share of time entre buscadores, redes sociales y asistentes de IA, a favor de estos últimos y, en especial, en detrimento de los buscadores web tal como los conocemos hoy.
La gran pregunta es si Google acelerará el despliegue de Gemini como experiencia central -a costa del buscador- o si apostará por un modelo híbrido que combine ambos. Lo relevante es que ChatGPT podría convertirse en un competidor mucho más serio para el negocio publicitario de Google de lo que ha sido Bing de Microsoft.
Para las empresas, el nombre del juego es seguir consolidando la creación de contenidos realmente relevantes para los usuarios -y que sean “indexables” en ambos mundos, asistentes de IA y buscadores web- y, en paralelo, comenzar a experimentar con publicidad en los asistentes personales de IA.
La salida es fortalecer, no borrar: modernizar la financiación, exigir trazabilidad del dinero, transparentar contabilidades, profesionalizar la formación de cuadros y mejorar la selección de candidaturas