miércoles, 15 de abril de 2020

Estas sencillas reflexiones están dirigidas a la comunidad universitaria, que en las pasadas semanas ha tenido que adaptarse, no solo al confinamiento en casa, sino a experimentar con nuevos métodos de estudio habilitados por tecnologías de las comunicaciones, en virtud de las disposiciones emanadas del Ministerio de Educación Nacional (MEN), las cuales suspendieron por algunas semanas las actividades presenciales en universidades, colegios y escuelas, como medida para prevenir la expansión de la epidemia.

Medidas similares se han producido en casi todos los países, con un impacto de entre 10 y 15% de disminución de la tasa de contagios. El Presidente Duque extendió el aislamiento obligatorio dos semanas y el del sector educativo hasta el 30 de mayo, buscando contener los contagios para evitar una sobrecarga del sistema hospitalario.

El Covid-19 es un virus perteneciente a la familia de coronavirus, de tamaño muy pequeño. Presenta tasas de letalidad altas, que oscilan entre 0,3 y 5% de la población infectada -es decir, mayores a las de otras gripas- y muestra una razón de contagio (R0) muy alta.

Cuando la persona llega al estadio avanzado de la enfermedad suele presentar un cuadro clínico severo que afecta principalmente los alvéolos pulmonares y puede causar deceso por insuficiencia respiratoria. Solo 5 % de los contagiados presenta situaciones críticas que llevan a la muerte, mientras que la mayoría de las personas (70 %) no presenta síntomas o estos son menores, lo que a su vez incrementa el riesgo de contagios.

La mayoría de las muertes se presentan en adultos mayores y personas con deficiencias inmunológicas. Sin embargo, se presentan muertes en adultos jóvenes, e inclusive en niños.

Se trata de una pandemia, como la ha calificado la OMS; ha pasado de China a Europa y a América, llegando en este momento a casi 200 países. Desde 1918, cuando se inició una epidemia de gripa, también en Asia -llamada “gripa española” que mató a más de 50 millones de personas-, no había ocurrido un fenómeno de tal magnitud.

En Colombia se conocieron los primeros casos a comienzos de marzo, provenientes de Europa (de Italia y España, principalmente); en el momento de escribir estas notas, ya tenemos cerca de 2.000 casos comprobados y posiblemente muchos más sin diagnóstico.

Por fortuna, el Gobierno ha reaccionado oportunamente con medidas correctas, por lo menos a la luz de la experiencia de otros países, y por ello el número de muertes es relativamente bajo, pero podría crecer exponencialmente si no se acatan estrictamente las acciones preventivas y de control. La respuesta oficial se ha basado en la observación de las proyecciones de los modelos matemáticos de los epidemiólogos que emplea el Ministerio de Salud y en las recomendaciones de la OMS. Veamos rápidamente cuáles son las medidas.

Las primeras acciones, como sucedió en casi todas partes, se refieren a la orden de suspender actividades presenciales en colegios y universidades. Nuestra universidad decidió acudir a estrategias formativas respaldadas por las TIC y otras, las cuales no constituyen educación virtual -como algunos han malinterpretado-, sino el uso de tecnologías en el desarrollo de los programas presenciales, como medida excepcional para dar continuidad a las actividades académicas durante este periodo de emergencia sanitaria, de acuerdo con lo expuesto en la Directiva Ministerial 04 del 22 de marzo de 2020, expedida por el MEN.

Hasta ahora, los resultados han sido exitosos: cerca de 90 % de los cursos optaron por estos métodos, lo cual ha involucrado casi a la totalidad de profesores y estudiantes, y permitirá no aplazar el semestre y aprovechar el recurso valioso del tiempo, así esto implique considerables esfuerzos para adaptarse a las circunstancias.

La siguiente medida fue ordenar el confinamiento de las personas mayores de 70 años -que en Colombia son más de tres millones-, en razón a las altas tasas de letalidad del coronavirus en esta población, como sucedió en Italia y en España. Mantener esta población en cuarentena obligada va a permitir no congestionar las Unidades de Cuidado Intensivo, que en Colombia son escasas: no llegan a 6.000, cuando en el pico de la epidemia se podrían requerir cerca de 10.000.

Falta complementar esta medida con el confinamiento forzoso de los pacientes que sufren algunas enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión arterial, enfermedades del corazón, cáncer, dislipidemias y aquellas relacionadas con la baja de las defensas por fallas en el sistema inmune.

Algunos expertos señalan que vendrán algunos rebrotes, y la situación se mantendrá por unos meses. El asunto grave en este caso es que la economía no puede sucumbir porque ello sería desastroso e implicaría muchas muertes más y la agudización de la pobreza y dependencia. Según el exministro José Antonio Ocampo, el impacto económico negativo de la pandemia puede ser hasta de $50 billones en este trimestre. En cualquier evento, se deberá mantener la recomendación de mantener distanciamiento de dos metros entre personas, el uso de tapabocas, el lavado de manos y la desinfección.

Las pruebas diagnósticas son una forma eficaz de control al practicarse en número suficiente y de manera georreferenciada, para saber dónde están los casos positivos y practicar vigilancia epidemiológica. Colombia ha aplicado hasta la fecha unas 40.000 pruebas, pero estas deberían llegar a 500.000 si aspiramos a que sean útiles, como lo muestra la experiencia de países como Japón, Alemania o Corea del Sur.

Un aspecto que deseo compartir con ustedes es el relativo a la preparación de los servicios de salud: Colombia tiene un sistema de salud que ha demostrado ser efectivo en momentos de relativa normalidad (por lo menos así lo consideran los expertos internacionales). Pero definitivamente nuestros hospitales y aseguradores no tienen la capacidad para responder adecuadamente a una situación excepcional como la que vamos a vivir en las próximas tres semanas, por lo menos en la línea de Unidades de Cuidado Intensivo y uso de respiradores automáticos. Por ello, es necesario bajar la curva de la epidemia antes de que termine abril, y luego mantenerla aplanada por varias semanas.

Soy consciente de que esta comunicación es dura, pero lo más grave sería esconder el posible impacto de la pandemia y no actuar con la debida disciplina social. Sin embargo, tengo la certeza de que la comunidad universitaria es consciente del momento difícil y sabrá responder al desafío que tenemos por delante. No veo el momento en que termine esta pesadilla para reencontrarnos en nuestra universidad para continuar con nuestras tareas.