Estado de opinión del Gobierno

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El Gobierno, como la hidra mitológica, tiene tantas cabezas que genera desconcierto y traslada la sensación de que el Presidente manda pero no gobierna. La política impone la agenda, la economía padece sus efectos y esa disfunción institucional no augura nada bueno para el inmediato futuro. La posición del Gerente del Emisor dejó la sensación de que se maquillan las cifras y que el Dane trata de mostrar que todo anda bien cuando la realidad es otra.

El ministro de Defensa y el de Hacienda pasan, sin aprobar el examen, dejando lastimada la credibilidad del Gobierno. El Canciller, cuando intenta explicar lo inexplicable, solo aumenta la incertidumbre y la falta de certezas que la comunidad internacional tiene sobre las verdaderas intenciones de un Gobierno que predica lo contrario de lo que hace, en temas tan sensible como los de Venezuela, la paz y el respeto por la vida y los derechos de líderes sociales y reinsertados que siguen cayendo asesinados, en una dolorosa tragedia imposible de ocultar.

En el Parlamento las cabezas de la hidra manejan su propia agenda. Uribe hace gobierno de día y oposición de noche. Está claro que sus objetivos no tienen nada que ver con los de Duque. Su aviesa intención de desconocer el Estado de Derecho para dar paso a su fementido derecho a sustituirlo, para convertirse en el Rey Sol, genera serias preocupaciones. Los demócratas no podemos dormir tranquilos. El país no puede ignorar la maquiavélica intención de tomar por asalto las Cortes y la Justicia, vía referendo, presentada como noble cruzada para eliminar la JEP, “acabar la impunidad” y rescatar, por enésima vez, los derechos de los niños que tanto seducen la hipocresía de quienes alardean con la devoción y la caridad pero desprecian la justicia y la equidad.

De otra parte, alarma que el Presidente, en su periplo europeo, reclame con tanto desparpajo su visión naranja y ecológica del desarrollo, cuando al mismo tiempo anuncia la implantación de políticas totalmente contrarias a su beatífico discurso. La reanudación de la fumigación aérea con glifosato es otro reto a la Corte Constitucional que la prohibió con base en estudios de la OMS que podrían demostrar los efectos cancerígenos de esa práctica criminal. Entre 1999 y 2014 se fumigaron más de millón y medio de hectáreas, a razón de 22.5 litros/hectárea, sin que se hayan evaluado los efectos de tan descomunal agresión al medio ambiente. Igualmente preocupa la autorización del fracking o fracturación hidráulica, para elevar los niveles de producción de petróleo, ignorando los graves efectos ambientales por la contaminación de acuíferos, el desperdicio de agua, la generación de sismicidad inducida y la contaminación del aire y del agua con materiales radiactivos extraídos de profundidades iguales o superiores a cinco kilómetros. Produce escalofrío saber que un pozo gasta 10 o 15 millones de litros de agua, que es lo que consumen millón y medio de personas en un año. No se entiende que Duque ande vociferando en el Viejo Mundo sobre el espíritu ecologista de un Gobierno que hasta la deforestación la está estimulando.

No hay unidad de criterios. Sin liderazgo, la economía no podrá reponerse de los asaltos de la política y de los políticos. Para rematar, estamos atrapados entre el pesimismo del Emisor y el optimismo de Carrasquilla que no ha podido demostrar cómo pretende tapar el hueco de las exenciones, a las grandes empresas, sin tener que recurrir a un severo apretón fiscal o a una nueva reforma tributaria.

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