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Analistas 24/07/2021

Nombres en mercadeo

Carlos Fernando Villa Gómez
Consultor de Mercadeo

Desde hace tiempo varios analistas y libros han tratado sobre el efecto y la importancia de los nombres en las actividades del mercadeo, tema al que pocos dan la importancia que tiene y el efecto que produce en los mercados; sobre todo en lo que se refiere al posicionamiento y al llamado “branding” o proceso de generación de marca.

Cuando tantos están pensando en el final de la pandemia y la gente comienza a pensar en cosas diferentes a las preocupaciones diarias a pesar de la crisis que se vive y se siente, damos una mirada al tema.

Las investigaciones han demostrado que existe un efecto interesante generado por los nombres de los productos y las empresas, que tiene que ver con el nombre de las personas: “efecto del nombre y la marca” (Name letter branding effect - NLB effect), que hace que las personas tiendan a seleccionar y preferir, lo que tiene que ver con el nombre y las letras del mismo o de personas cercanas y de afecto.

Los experimentos adelantados concluyeron que si por ejemplo una persona se llama Juan, Johana o similar, tendría tendencia a preferir un te de marca Jonoki sobre otro Elioki. Pero si el nombre es Elías o Elena, preferirían el té Elioki sobre el primero (nombres para efectos ilustrativos), siendo de suma importancia el manejo de las comunicaciones y demás elementos de la mezcla de marketing como el precio, diseño y otros, con los cuales se puede contrarrestar el efecto del nombre, pero hay que tener cuidado.

La razón que se ha encontrado para ello es que a las personas les gusta lo que se parece a cada quien, y, aparentemente, transferimos nuestros nombres y similitudes a las marcas, prefiriendo las que se parecen en sonidos, letras, y aspectos físicos.

El mensaje es claro: los mercadólogos deben estar enterados de los nombres más comunes y cuáles son los que en el mercado pretendido o atendido son los que más suenan, para definir cómo bautizar productos y/o empresas, pues con éstas el fenómeno es similar, llegándose a preferir una línea de productos y/o los de una organización que haga referencia a los nombres.

Otro aspecto tiene que ver con el mensaje que lleva involucrado el nombre, pues este involucra psicológicamente una promesa, aunque sea en otro idioma; el mercado tarde o temprano, interpretará y le dará un significado, razón por la cual es aconsejable, sobre todo en los mercados actuales, buscar la manera de generar una interpretación positiva asociando el nombre con algo que genere esa percepción. Ejemplos en este campo son numerosos, pudiendo citar algunos que ya no existen pero que recordamos con nostalgia, como Aces, Súperley y El Roble.

En conclusión, ha sido claro y contundente el resultado: los nombres de organizaciones, empresas y productos tienen un papel muy importante y relacionado con los de las personas.

Cada año se dan a conocer los más comunes, recordando además que en los nombres de las personas también existen tendencias.

Los más comunes en nuestro país, según la última lista de la Registraduría, fueron Luciana, Isabella, Salomé, Antonella y Mariana entre las mujeres, y Emmanuel, Emiliano, Santiago, Samuel y Jerónimo entre los hombres. En Estados Unidos fueron Olivia, Emma, Ava, Charlotte y Sophia para las mujeres, y Liam, Noah, Oliver, Elijah y William en los hombres.