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¡Atención!
Tántalo camina eternamente a la orilla de un estanque. Tiene hambre. Tiene sed. Con su cabeza casi puede rozar las ramas de un árbol cargado de fruta madura. Estira sus manos para intentar alcanzar alguna, con desespero. La rama retrocede. Se aleja lo justo para quedar fuera de su alcance, otra vez, igual que el agu, la que se retira cuando se arrodilla para intentar beber o cuando intenta saltar para sumergirse.
El castigo de Zeus fue impecable. El “Suplicio de Tántalo” pareciera un tormento de privación eterna. Una tortura de cansancio, hambre y sed. Pero no. La maldición es otra en el inframundo.

Siempre se está en búsqueda de algo más. Más dinero. Más estatus. Más y más. Hay que imaginarse una línea que representa el valor de lo que hacemos. A la derecha está la tracción. Esa fuerza que tira de nosotros hacia lo que realmente queremos en la vida. A la izquierda lo contrario, la distracción. Significa apartarse de la mente. Impide progresar, aleja de la existencia que se imagina.
Ambos movimientos se activan por disparadores. Algunos nacen dentro, como cuando la tristeza aparece y se llama a alguien. Otros vienen del entorno. Timbres. Notificaciones. Alarmas. El celular seduce el impulso de revisarlo con su sola presencia. La tracción ayuda a alcanzar metas y la distracción saca del camino.
El mundo está lleno de cosas diseñadas para alejarnos de nosotros mismos. Sentimos apego por nuestros distractores. Incluso Sócrates culpó a la palabra escrita de generar olvido en el alma. La abundancia de información implica la escasez de otra cosa. Es la pobreza de atención, la materia prima de la creatividad, del amor, de la vida.
Sin concentración, no hay salud física ni psicológica. Las relaciones mueren sin enfoque. Hay que pensar en lo que demostramos cuando estamos pendientes de una pantalla, en lugar de dar la cara para mirar con cariño. La ceguera es una maldición. La misma de Tántalo, que representa el deseo insaciable y la frustración perpetua. Sigue sufriendo por algo que no le hace falta, sigue ignorando que no necesita esas cosas. Los muertos no necesitan saciar su apetito ni calmar su sed porque esas son carencias físicas.
Inmune a la distracción: cómo controlar tu atención ante la epidemia de la interrupción constante, es el libro de Nir Eyal. Un modelo para no habitar en el inframundo de quienes permiten que su atención y su vida sean controladas o coartadas por las distracciones.
La paloma encarna la orientación propia de la sabiduría de los seres que conocen el camino y siempre saben cómo volver al nido. Ha sido el animal que simboliza el bien y que encarna la espiritualidad por sus virtudes naturales
La meta es alcanzar 2,1 millones de créditos, lo que implica un aumento de 15% frente a 2025, es decir, cerca de 270.000 créditos adicionales para las regiones afectadas