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Hace unas semanas advertíamos desde esta columna que el Gobierno había roto la tradición de publicar la actualización del Plan Financiero, como era usual en las primeras semanas del año. Un par de semanas después, el Plan llegó. Y llegó para dejarnos con casi las mismas dudas que teníamos.
Empecemos por un breve recuento de las cifras de cierre fiscal de 2025. El déficit fiscal del Gobierno Nacional Central como fracción del PIB fue de 6,4%, una cifra menor a la que el propio Ministerio de Hacienda proyectaba a comienzos del año pasado. El titular parece bueno, pero esconde una mala noticia: el desbalance fiscal estructural -medido con base en el balance primario, es decir, ingresos menos gastos excluyendo intereses- empeoró. En cifras: de un déficit primario proyectado hace un año de 2,4% del PIB, pasamos a uno de 3,5%. Más déficit, más dolores de cabeza.
La cifra menor de 6,4% se explica por una reducción en el pago de intereses de la Nación, producto de una serie de operaciones de manejo de deuda que, aprovechando la contabilidad de las finanzas públicas, buscaron reemplazar bonos con cupones bajos por bonos con cupones altos. Sin entrar en los detalles técnicos: un sagaz esquema financiero que permitió reducir la contabilidad del pago de intereses, pero que acompañó -y quizás habilitó- métricas peores en el balance primario.
Analicemos las cifras para 2026. Buena parte de la discusión inicial se centró en los supuestos macroeconómicos, entre ellos una inflación de cierre de año de 5,8%. Esto no resulta sorpresivo: así el Ministerio de Hacienda no quiera hacerlo explícito, es claro que el incremento del salario mínimo tuvo y tendrá un efecto inflacionario, en particular en el rubro de servicios. Pero más allá de los supuestos macroeconómicos, lo que resulta verdaderamente preocupante es la proyección de un déficit fiscal de 5,1% del PIB para 2026, sustentada en una reducción del gasto de $5 billones frente al año anterior y de $25 billones frente al Presupuesto que el propio Gobierno presentó a finales de 2025.
¿Cuáles son las medidas concretas para recortar el gasto? No lo sabemos. El Gobierno está en mora de reducir el gasto público para equilibrar las cuentas fiscales, pero este anuncio de recorte -sin sustento ni detalles- no solo genera suspicacias, sino que sigue erosionando la credibilidad del Ministerio de Hacienda a la hora de elaborar sus proyecciones. En años recientes, las estimaciones de ingresos tributarios han sido repetidamente infladas, como hemos analizado desde esta columna en más de una ocasión. Ahora el Plan presenta una proyección conservadora de ingresos, pero un recorte de gastos que no luce creíble y que va en contravía del discurso del presidente Petro. El Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), centros de pensamiento como Anif, gremios, analistas y las propias calificadoras de riesgo han encendido las alarmas al respecto.
Los mercados financieros no reaccionaron con fuerza a la publicación del Plan, pues sus ojos están puestos en las elecciones y en los retos de la siguiente administración. Pero que no quede duda: el Plan, en su estado actual, implica una herencia compleja para el próximo Gobierno. El Ministerio de Hacienda todavía está a tiempo de recuperar la confianza perdida y anunciar un decreto de recorte de gasto que incluya numerosas partidas con baja ejecución.
Proteger a una persona gay de la discriminación es una obligación del Estado y de toda la sociedad. Pero eso no requiere validar la idea de que la orientación sexual es una identidad política
Al final fueron unos 104 puntos, en 50 municipios y siete departamentos, sin mencionar el número de empleados y 63 años de historia, toda una experiencia