Analistas

Buen producto no es suficiente

No es raro escuchar gente de mercadeo afirmando que un muy buen producto es suficiente, indicando que no se necesita hacer mucho uso de las comunicaciones de mercadeo y las otras herramientas que se trabajan; incluso hay quienes han dicho que es algo que no debe hacerse porque sería, como dice el dicho, “gastar pólvora en gallinazos”.

A esta creencia, por demás errada, y a quienes así piensan, hay que responderles con dos argumentos básicos, entre muchos: primero, que quien no sabe es como quien no ve, razón por la cual hay que informar y estimular siguiendo para ello un proceso logístico adecuado para dar a conocer la oferta, generar interés y deseo de acción logrando que se actúe, pues si se espera a que poco a poco se logren resultados positivos con un muy buen producto, la competencia agresiva y los medios de comunicación que hoy existen harán que no se logre llegar a donde se desea.

Además, todo ha cambiado, está cambiando y seguirá cambiando, y mucho, pues la competencia y la evolución no solo tecnológica sino la que se refiere al comportamiento de los seres humanos, así lo “exigen”.

La constante del cambio, de la que tanto se ha hablado, y la evolución de los ambientes, hacen que se requiera de un proceso de comunicaciones que no solamente informe, sino que, y muy importante, se trabaje por el mantenimiento de los niveles de interés de las personas, como lo demostró Hermann Ebbinghaus hace más de 100 años.

Poco o nada sirve tener un producto excelente si los mercados no saben de su existencia o no se les recuerda y estimula adecuadamente, y si esto se da, pero no se trabaja con una mezcla adecuada y suficientemente estimuladora, y no se genera la percepción de calidad que se debe transmitir, el producto, por bueno que sea, tendrá las más altas probabilidades de ser solamente uno más.

Cuando la realidad de los mercados y la globalización presentan una oferta mayor que la demanda, en casi todos los sectores, y más del 90% de las ofertas no han generado una diferenciación valorada por los clientes, haciendo que el precio sea el diferenciador principal, se necesita trabajar bajo el concepto de una mezcla de mercadeo entendida como la combinación de las variables controlables, las que sean y cuantas sean, que influencian la decisión y el comportamiento de las personas, que Jerome McCarthy propusiera como las “cuatro Pes”, las mismas que han servido para que no pocos académicos, y hasta prácticos, discutan de manera bizantina, sobre la cantidad de ellas, desconociendo la fundamentación de la teoría; se necesita aceptar y entender que es un conjunto de elementos que hay que trabajar para que el mercado se desarrolle adecuada y efectivamente.

Si bien es cierto que todo nace de la esencia del producto que se ofrece (resultado de un proceso que busca satisfacer necesidades y/o deseos de las personas), también hay que considerar que cuando la cantidad de medios que existen, de mensajes comerciales que día a día estamos expuestos a recibir, y la realidad de la efectividad de las comunicaciones del mundo actual, hay que hablar, hacerse sentir, recordar, para poder llegar a las mentes de las personas y alcanzar el posicionamiento competitivo de manera que se logren los niveles de éxito que se pretenden.

Lo que no se puede discutir es que si el producto no es de óptima calidad para el mercado objetivo, no habrá mezcla que logre clientes, y mucho menos que sean leales.