En estos días, me llamó un ejecutivo que está participando en un proceso de reestructuración de su organización, lo cual genera necesariamente ansias, miedos, y preocupaciones. Me expresó su deseo de dar un aporte constructivo al proceso, sin dejarse llevar por su ego. Conversamos largo y en un dado momento me acordé de una instrucción que Krishnamurti impartió a sus seguidores.

De hecho, al final de su vida, el filósofo y maestro espiritual participó en el diseño de un centro de estudios en las afueras de Londres, adyacente a la escuela secundaria que había establecido allí. El corazón mismo del complejo de edificios (tanto metafórica como literalmente) era una sala de meditación. Krishnamurti murió antes de que se completara el centro, pero dio algunas instrucciones muy precisas sobre cómo usar este espacio de mindfulness. “No vayan al cuarto de meditación para encontrar la quietud”, dijo. “Cuando vayan, lleven la quietud a este espacio”.

La sugerencia de Krishnamurti es paradójica y profunda porque se enfoca en la necesidad de cultivar nuestro estado interno antes de poder dar un aporte constructivo en nuestras interacciones y reuniones. Se trata de no ser parásitos de las realidades a las cuales pertenecemos, sino generadores de esta realidad. Hay un trabajo por hacer previo, individual, esencial para poder liderar y crear, como lo requieren los desafíos del mundo hoy; o sea, liderando desde adentro hacia afuera.

De hecho, hoy emprendedores y directivos, para ser líderes vigentes, necesitan tener la habilidad de inclinarse hacia el futuro que quiere emerger, como dice el profesor del MIT Otto Scharmer, y no seguir implementando experiencias y conocimientos del pasado de manera pedestre. Hoy, no se construye futuro mirando al espejo retrovisor. Esta habilidad es la capacidad de conectarse con un conocimiento interior donde radica la intuición y la capacidad de permanecer en una experiencia de flujo, como lo definió el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi. Dada la complejidad en la cual vivimos hoy, esta capacidad de generar y permanecer en un estado de “flow” individual y colectivo es esencial para prosperar.

Esto requiere el trabajo individual de desarrollar el estado interior, que significa trascender miedos y traumas que a lo largo de la vida condicionan la expresión de nuestra esencia. En otras palabras, se trata de dejar de vivir desde nuestro ego que nos limita y nos hace más pequeños de lo que somos. Se trata de eliminar todo lo que nos bloquea para poder acceder a la fuente de inspiración e intuición, lo que nos permite acercarnos al futuro que quiere emerger.

Es este trabajo individual lo que permite la experiencia de una inteligencia colectiva, donde un equipo de personas con talentos y personalidades distintas dejan de ser una simple colección de inteligencias, y generan una experiencia de creación colectiva. Es la experiencia que permite transitar del miedo al coraje, de la negación al reconocimiento, del monólogo al diálogo.

El físico David Bohm resalta que sigue siendo todavía escasa la atención que se le presta a este trabajo individual de desarrollo interior. “La gente no hace suficiente trabajo individual”, decía. Por el contrario, Bohm destacaba que cuando se cultiva el estado interior, el cuerpo se transforma “en la puerta de entrada a una notable riqueza de información inesperada”. Para lograr el éxito y para dar un aporte fundamental a la solución de los problemas de hoy es esencial este trabajo individual.