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Analistas 25/02/2026

Infraestructura digital: el miedo al éxito

Jorge Fernando Negrete P.
Presidente de DPL Group

Nada más decepcionante que caer en el análisis fácil de problemas complejos. El sector de la infraestructura digital (telecomunicaciones) viene de una época en la que el nacimiento de nuestra sociedad digital enfrentó un nuevo tipo de empresa que facilitó la expansión de la conectividad y volvió el acceso a internet un producto de primera necesidad.

Las empresas de telecomunicaciones eran, hace 15 años, las más grandes del mundo y fueron diseñados nuevos órganos reguladores específicamente pensados para ellas: los reguladores de telecomunicaciones.

Europa lideró esta práctica y propuso toda una serie de regulaciones, como que en cada país hubiera cuatro operadores como mínimo y una regulación ex ante robusta e intrusiva. EE.UU. mantuvo el mercado y sus capacidades con baja regulación, y China propuso un modelo de pocos operadores, pero sólidos, para 1.300 millones de chinos.

He señalado en numerosas ocasiones que Colombia fue el alumno estrella en América Latina de la regulación de competencia en este sector, así como de la intervención económica y de la rectoría del Estado en esta área. Nadie puede cuestionar esta preocupación de Colombia y nadie puede acusarla de no haber realizado lo que consideraba necesario por el bien de los usuarios.

Es el país que ha sostenido el mayor número de empresas públicas de telecomunicaciones en América Latina. También es el país donde gobiernos nacionales y subnacionales están asociados con empresas privadas de telecomunicaciones u operan directamente la conectividad. Colombia ha buscado que ingrese la mayor cantidad de operadores de telecomunicaciones al mercado.

Además de Movistar y Claro, entraron Avantel, WOM y, de forma reciente, TeleCall. En materia de asociación público-privada, se desarrolló el proyecto de Azteca en fibra óptica. A los gobiernos de Colombia les ha gustado recurrir a las diversas formas de intervención económica y experimentar con estas figuras.

Pues bien, el mundo de la conectividad pasa por momentos críticos. Lo que antes era un gran negocio hoy ya no lo es. Ningún operador de telecomunicaciones se encuentra en la lista de las 10 empresas más grandes del planeta y tienen que invertir, en promedio, 20 veces más y disminuir sus precios frente a empresas de alta tecnología que multiplican exponencialmente sus utilidades a escala global.

Esto es así y coloca a esta industria en un momento de inflexión en el que tiene que reinventarse. Las empresas de telecomunicaciones o de infraestructura digital deben consolidarse y fusionarse con otras, buscar escala, bajar costos y ofrecer nuevos servicios. La obsesión por un número definido de operadores y la guerra de tarifas fue parte del veneno.

Ahora veo preocupación en un sector de la opinión pública por la idea de que en el futuro se incrementen los precios del servicio, no se despliegue cobertura y no se incremente el ancho de banda. Curiosa preocupación por parte de quienes no se inquietaron por la mala calidad de operación de empresas públicas y privadas fallidas.

Parece que no aprendimos nada con operadores públicos y privados creados artificialmente. Todos ellos fueron competidores descapitalizados, sin estructura institucional, sin un proyecto de inversión robusto, y lo único que dejaron fue pobreza digital, falta de inclusión, escasa transformación digital y el enorme reto de reinventar e invertir en el sector digital en los próximos meses.

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