Recuerdo una oportunidad en que un candidato a la Alcaldía de Medellín me preguntó por una fórmula “milagrosa” para disminuir el desempleo de la ciudad y le conteste pragmáticamente: “coordine con el gobierno central el desarrollo rural porque la única salida que tiene un campesino que ve sufrir de hambre a su familia es venirse a pedir limosna en los semáforos de la ciudad”.