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Analistas 12/11/2025

El ciclo económico: el mejor asesor del macroinversionista

Carlos David Alape Gamez
Economista y candidato a magíster en Economía Aplicada Universidad de los Andes

En 2025 el Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento global de 3,3% para los años 2025 y 2026, una cifra inferior al promedio histórico del período 2000-2019 que se ubicó alrededor de 3,7%. Esto confirma que la economía mundial avanza en una senda de crecimiento moderado que condiciona los retornos y los riesgos a escala global. En Colombia, las principales proyecciones coinciden en un crecimiento cercano a 2,5% para 2025. Tanto el FMI como el Banco Mundial y el propio Banco de la República ubican la cifra en ese rango, señalando que la economía sigue en un proceso de recuperación gradual después de la desaceleración de 2023 y 2024. Además, el Banco de la República estima que la inflación anual cerrará 2025 alrededor de 5,1%, con una tendencia descendente hacia 3,6% en 2026. Estos números deben ser interpretados con atención porque determinan la dirección de la política monetaria y, con ello, la valoración de los activos financieros.

El macroinversionista trabaja con este mapa en mente. Analiza el comportamiento del PIB, la inflación y la política monetaria para decidir qué comprar, cuándo hacerlo y en qué proporción. Cuando la inflación se acelera y los bancos centrales elevan sus tasas, los bonos de largo plazo y las acciones de crecimiento tienden a perder atractivo, mientras los activos reales y los sectores con flujo de caja estable ganan relevancia. En cambio, cuando el PIB crece y la inflación se modera acompañada de reducciones en la tasa de política, los activos de riesgo como las acciones cíclicas, el crédito corporativo y los bonos de mayor duración suelen mostrar un mejor desempeño. En fases de recesión, caracterizadas por un PIB en caída y una política monetaria más expansiva, el enfoque se orienta hacia la preservación del capital mediante deuda soberana de calidad, liquidez y activos refugio. Y en episodios de estanflación, donde coexisten bajo crecimiento, inflación alta y tasas al alza, la estrategia defensiva se apoya en infraestructura, materias primas y bonos indexados por inflación.

Estas pautas no son simples teorías de manual. La evidencia empírica de organismos internacionales muestra que los portafolios que ajustan su exposición a los distintos regímenes macroeconómicos logran rendimientos ajustados por riesgo superiores a los de estrategias estáticas. El Banco Mundial, el FMI y el Banco Europeo de Inversiones han documentado que las diferencias de desempeño entre ambas estrategias pueden superar 20% anualizado cuando los inversionistas incorporan análisis macroeconómico riguroso en la construcción de sus carteras. En el plano local, los datos más recientes del Dane confirman que el PIB colombiano creció alrededor de 2,4% interanual en el primer semestre de 2025, un avance que exige una lectura cuidadosa para anticipar cómo reaccionará la política monetaria en los próximos trimestres.

La diferencia entre el macroinversionista y el inversor tradicional radica en la capacidad de anticipación. El primero convierte el análisis macroeconómico en decisiones concretas de rotación y cobertura de activos, mientras el segundo suele concentrarse en métricas micro sin calibrar adecuadamente la dirección del ciclo. En mercados globales cada vez más interconectados, la anticipación basada en datos se convierte en una ventaja estructural que reduce los errores de sincronización y amplía las oportunidades de rendimiento.

Invertir sin comprender la macroeconomía equivale a navegar sin brújula. En un entorno en el que el crecimiento global se modera, la inflación se normaliza y la política monetaria transita hacia tasas más equilibradas, la lectura del ciclo económico se vuelve esencial para cualquier decisión de inversión. Con un crecimiento global cercano a 3,3%, una economía colombiana que podría expandirse en torno a 2,5% y una inflación local que todavía supera 5%, las señales están sobre la mesa. Ignorarlas es renunciar a una parte sustancial del control sobre el riesgo y el retorno. Por eso el macroeconomista y el macroinversionista contemporáneos no son simples analistas de datos, sino intérpretes del ciclo que transforman la información agregada en decisiones que protegen y potencian el capital. En última instancia, saber en qué fase del ciclo se está resulta tan importante como saber qué activo comprar.

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