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EDITORIAL Licitación del metro en la recta final, pero...
martes, 2 de abril de 2019

Nunca antes el inexistente metro de Bogotá había llegado tan lejos

Editorial

Desde hace casi 70 años poner a andar un sistema de transporte masivo, vía metro, para Bogotá ha sido el dolor de cabeza y la mayor frustración para todos los alcaldes de la Capital de Colombia; una metrópoli caótica que poco a poco se acerca a los 10 millones de habitantes y aumenta con mayor dinámica su participación en el Producto Interno Bruto que bordea 25%. Es una de las pocas ciudades del mundo con esas características de oportunidades, desorganización y riqueza que no cuenta con un metro que dignifique el transporte urbano y mucho menos organice el explosión de carros particulares, el agite de los miles de buses urbanos, el descontrol de volquetas y camiones, y mucho menos, ponga en cintura la multiplicación de motocicletas y bicicletas que se han tomado las vías y las pocas aceras peatonales.

No es exagerada la descripción de la movilidad de Bogotá en donde el triángulo jerárquico de respeto cívico no se conoce:primero está el peatón como eje central, luego está el usuario de las bicicletas; en tercer lugar quienes usan el transporte público, y por último, quienes hacen sus desplazamientos en carros particulares o motocicletas. El problema es que Bogotá privilegia los vehículos particulares porque son los únicos que pagan impuestos y generan otras economía indirectas como talleres, concesionarios, estaciones de gasolina y parqueaderos. De los tres actores urbanos de la movilidad, son los usuarios de las motos y los carros quienes arrastran una economía importante para la ciudad;realidad que no se experimenta con los crecientes ciclistas y conscientes peatones. En pocas palabras, la ciudad está acondicionada para que siga reinando el transporte particular en detrimento del público o del ambiental, pues no hay políticas eficaces ni incentivos económicos estructurales para mejorar esta realidad superada en otras ciudades con condiciones similares a las de Bogotá.
Vuelve y juega el eterno tema del metro que ha derrotado o elegido los últimos alcaldes del Distrito. Nunca antes ningún mandatario había llegado tan lejos, muy a pesar de las dificultades y de las críticas, tal como lo ha hecho Enrique Peñalosa, pero su proyecto de primera fase del metro puede verse opacada por el clima electoral que poco a poco se calienta y algunos polémicos participantes en los consorcios que están al partidor de una licitación que se haría a mediados de septiembre u octubre en plenos debates por la Alcaldía. Polémicos porque el nombre de la firma brasileña, Camargo Correa, está enmarcado en la construcción de Hidroituango y en casos de corrupción en los países vecinos; investigaciones que reposan en la Fiscalía y Procuraduría; y el de la española, Sacyr, que actualmente defiende anormalidades del puente Hisgaura, tiene querellas en el Canal de Panamá y es recordada porque nunca terminó la licitación Tobía La Grande Puerto Salgar, obras que no hablan bien de sus ejecuciones. Las autoridades distritales deben tener en cuenta que la Capital no aguanta una frustración más con el metro y que ahora que ha llegado tan lejos -el menos en una primera fase- no se vuelva a enredar por entregarla a un consorcio especializado en ganar tribunales de arbitramentos o tener más abogados que ingenieros. El metro es una necesidad apremiante, tal como lo han entendido ciudades como Quito o Lima, solo para hablar de similares.

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