viernes, 19 de junio de 2020

La pandemia ha apurado la transformación digital de muchos países y ha acelerado el telestudio, el teletrabajo y el e-commerce, pero también ha desnudado sus ineficiencias

EditorialLR

Antes de la pandemia y del efecto covid-19 sobre la economía, las empresas y los consumidores tenían el e-commerce como una asignatura pendiente para desarrollar que siempre estaba en el listado del deber ser, pero los 100 días de encierro forzado en casi todo el mundo ha hecho que temas como el teletrabajo, el telestudio y el comercio electrónico evolucionen biches y sean una realidad anticipada, muy a pesar de que han desnudado sus deficiencias y baja calidad.

Para nadie es un secreto que el teletrabajo estaba entre los pendientes de las empresas y era una suerte de sueño laboral romántico de las personas, percepción que ha ido cambiado con el paso de los días. Situaciones como la mala calidad del internet, el bajo poder de navegación, los regulares equipos computacionales en los hogares y hasta el inmobiliario deficiente, son realidades antes no tenidas en cuenta en los anhelos del home office, una realidad que ahora divide a los colombianos, especialmente a las nuevas generaciones.

El otro hijo de la pandemia es el telestudio, que llegó sin ser invitado a las aulas y ha obligado a los alumnos y profesores a desarrollar destrezas distintas para ser eficientes en el proceso de la enseñanza y el aprendizaje. Casi todos los colegios y las universidades no estaban preparados para enfrentarlo, al igual que las familias en sus hogares que simplemente tuvieron que aceptar la nueva realidad.

Las destrezas discursivas de los profesores se han puesto a prueba, al mismo tiempo que la capacidad de atención y concentración de los estudiantes, deficiencias que son muy fáciles de sincronizar con las rutinas, pero no sucede lo mismo con la infraestructura digital o tecnológica de las instituciones y las familias, que aún está por evaluarse, más en comunidades de recursos económicos escasos. En pocas palabras, se ha avanzado en el teletrabajo y el telestudio, pero aún está muy lejos encontrar un punto de verdadero crecimiento.

El tercer hijo de la pandemia es el comercio electrónico, que si bien estaba más crecido que los dos anteriores, ha desnudado muchas deficiencias en todos los aspectos. El primero es la urgente necesidad de poner a andar un sistema de pagos global que no le cambie las reglas de juego a los consumidores y que les dé garantías en sus compras.

Aún no hay claridad en temas básicos como son la tasa de cambio de compra y de pago de artículos adquiridos en el exterior, los impuestos y todas las cosas relacionadas con el sistema financiero. El fantasma de la inseguridad al poner el número de una tarjeta de crédito sigue rondando. El otro lunar tiene que ver con la logística de entrega de las compras realizadas, que en Colombia sigue siendo muy informal, pues las empresas locales dedicadas a ello siguen siendo deficientes en sus compromisos de entrega y estado de los productos o servicios.

Es un hecho que el e-commerce debe mejorar en Colombia, que a pesar de que las cifras evolucionen favorablemente, los problemas de servicio al cliente, la calidad de lo comprado versus lo recibido sigue siendo mala y no hay quién responda. Las superintendencias de Industria y Financiera debe estar más atentas al desarrollo de este sector, pues llegó para quedarse y es su función constitucional proteger a los consumidores en un mundo donde lo físico cede y le da paso a la virtualidad.

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