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El reto será controlar la alta inflación
Este 2026 lo gastarán las autoridades económicas pretendiendo meter la variación de precios entre 2% y 4%, una tarea bien difícil para una economía acostumbrada a las alzas
A juzgar por la realidad de la variación de precios del último semestre corrido, bien se puede decir que el problema de la inflación en Colombia se volvió endémico, estado en el que las situaciones requieren giros estructurales para poder transformarlas. Una inflación de 5,1% y un incremento salarial de 23%, a lo que se suma la expectativa generalizada de precios, así lo sugieren.
Sucede que la política fiscal colombiana, la manera como se manejan las tasas y los incrementos, han dejado de ser ortodoxos y se ha empezado a hacer populismo con los salarios, los servicios públicos, las medicinas y algunos costos de la educación.
La teoría económica dicta que los últimos sucesos no son buenos para hacer que la variación de precios vaya a la baja; son demasiados elementos en la formación de precios que juega a favor de los altos costos. Los servicios públicos, los alimentos, el transporte, entre otros, son muy susceptibles de las expectativas políticas y de los rumores que afectan la oferta y la demanda.
Lo único que juega a favor de los precios bajos es la revaluación del peso frente al dólar, que hace que las compras de insumos, maquinaria y herramientas para producir alimentos y alimentar aves y ganados, sean mejores. Un dólar por debajo de los $4.000 ayuda mucho a los importadores de bienes y servicios enfocados en la alimentación, lo que no contribuiría a un Índice de Precios altos.
El Gobierno Nacional, más que arremeter en contra de la Junta Directiva del Banco de la República por no bajar las tasas de interés, debería controlar la intermediación en sectores clave como el transporte y los servicios públicos, pues no se compadece que los generadores de energía sigan subiendo el kilovatio sin razones de mercado y mucho menos de inversiones.
Dicta la Constitución, como en varios países de la región, que el control de la variación de precios es un asunto del banco central, en el caso colombiano de los codirectores del Banco de la República, a quienes nombra el Presidente de turno, pero no un una vez nombrados hay una tácita independencia que ha funcionado.
Durante la administración de Gustavo Petro y la gerencia general de Leonardo Villar, el Emisor y el Ejecutivo se han enfrentado por la loca idea de bajar las tasas en medio de alta inflación para que la economía se reactive, una discusión que puede perjudicar mucho la sonada independencia, por fortuna para la independencia del Banco, las tasas se han mantenido altas y contrarias a lo que pide el Gobierno sin sustento técnico.
Ahora el gran problema es que hay muchos factores que amenazan una inflación alta para 2026, la tercera o cuarta más abultada del continente, pero por fortuna en medio de un cambio de Gobierno que puede enviar mensajes de estabilidad en los precios.
Los macroeconomistas colombianos deben empezar a estudiar escenarios serios sobre la inflación endémica que sufre la economía local y demostrar el traslado de alza de precios que genera el incremento del mínimo casi tres veces más que la inflación causada. Al igual que estudiar a fondo el impacto en la formación de precios de las incontroladas economías subterráneas sobre las que hay poco estudio y de las cuales nadie habla.
La economía colombiana es bien distinta a las de la región y factores como el narcotráfico, la informalidad y el poco control de los intermediarios en la formación de precios, obligan a que los aspirantes a manejar la economía del país en los próximos 4 años tengan formación e ideas para hacer de Colombia un país desarrollado.