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EDITORIAL

El peso del narcotráfico en la economía

viernes, 15 de septiembre de 2017

Lástima que haya sido Trump quien nos hizo mirar de nuevo el poder de los narcos en la economía, que crece en medio de las diferencias políticas

Editorial

La amenaza del mismísimo presidente de EE.UU., Donald Trump, de descertificar a Colombia por nuestra escasa lucha contra el narcotráfico, no solo despierta ese fantasma que nos atormentó durante la administración Samper (1994-1998), sino que enciende todas las alarmas en las empresas multilatinas que hoy han hecho planes de exportar al gran país del norte amparados por el tratado de libre comercio o que tienen sus acciones inscritas en Wall Street. Las palabras de Trump no pueden ser tan serias en función de que se vayan a materializar en acciones concretas, pues EE.UU. no puede abrir otro frente de distanciamiento con América Latina si se suma México y Venezuela. No obstante, el daño ya está hecho; así sean palabras necias, éstas ya llegaron a los mercados y la imagen del país se vuelve a empañar en el concierto internacional. Durante todo el tiempo que se dieron los diálogos con las guerrillas en La Habana, la lucha contra los cultivadores de coca, marihuana y amapola retrocedió, incluso se ha llegado a tener más de 200.000 hectáreas llenas de plantas de coca en casi todos los departamentos del país. Y en los otros frentes de cultivos ilícitos, se han regenerado comunidades envalentonadas contra la fuerza pública que se niega a desterrar la coca, la amapola y la marihuana de sus parcelas. Si los cultivos le preocupan a EE.UU., a nosotros nos deben preocupar las comunidades que hoy se enfrentan al Ejército y a la Policía para evitar que se erradiquen los cultivos. Este polvorín social interno y ahora de relaciones diplomáticas y comerciales con el motor de la economía mundial es un verdadero despertar a la realidad del país que no se aprecia en Bogotá, pero que es pan de cada día en todas las ciudades intermedias, y es el poder fehaciente del narcotráfico.

En los años 80, los otrora carteles de Medellín y Cali importaban la hoja de coca de Perú y Bolivia, ya en 2000, Colombia se convirtió en el principal productor a los ojos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Se estima que a la economía ingresan anualmente alrededor de $10,3 billones por cuenta del narcotráfico, eso quiere decir que el negocio puede pesar 1,2% en el PIB. No podemos negar que existe una economía paralela visible en casi todas las ciudades y que no solo ha sido el combustible de los guerrilleros sino del poder político. Todo esto se percibe en el desequilibrio entre los ingresos de la economía formal y el dinero circulante. Esa diferencia corresponde al narcotráfico, según el Observatorio de Drogas Ilícitas y Armas de la Universidad del Rosario. El lavado de activos del narcotráfico asciende a $18 billones anuales de acuerdo con la Unidad de Información y Análisis Financiero. Es difícil cuantificar el impacto en la economía con cifras comprobables, pero la compra de bienes inmuebles está induciendo a una burbuja inmobiliaria en municipios cercanos a grandes capitales; el valor de la tierra se ha disparado en casi todas las poblaciones y las 200.000 hectáreas de coca se notan especialmente en la dinámica de ciertos subsectores de la construcción, las casas de cambio, pequeños centros comerciales, comercios semi informales como peluquerías, tiendas, restaurantes o estaciones de servicios. El peso del narcotráfico en la economía local siempre ha sido un secreto a voces que solo sale a relucir cuando se habla de contrabando, pero se ve y se siente. Incluso muchos ven en él, la causa de un dólar que no se sostiene en el techo de los $3.000.

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