MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
El Banco de la República no tiene la culpa
Lo peor que le puede pasar a la economía es que el Gobierno se vaya con la lanza en ristre contra el Emisor por subir las tasas de interés en medio de una inflación que sigue sin ceder
En muchos círculos sociales, empresariales y hasta políticos se oye preguntar en ocasiones por qué la economía peruana funciona en contravía de su caótica situación presidencial, casi ocho presidentes en menos de una década.
La razón es muy sencilla: hay una loable independencia de su Banco Central frente al Ejecutivo, más una continuidad en su mandato al frente del Emisor; también hay cuentas en dólares para quien las quiera abrir y un enfoque empresarial y ministerial en pro de las exportaciones; además de que siempre ha sido un país concentrado en atraer la inversión extranjera, especialmente al sector mineroenergético.

Dicho de otra manera, a los empresarios casi ni les importa quién despacha en la Casa de Pizarro o en la Presidencia, porque la economía va por un carril muy distinto al político; dicho sea de paso, es uno de los países de la región que más ha disminuido su pobreza durante las dos últimas décadas. En Colombia hay una falla de origen constitucional y es que a los codirectores de la Junta Directiva del Banco de la República los nombra el Presidente de turno, lo cual no garantiza mucha independencia.
No obstante, vale la pena decirlo, los miembros de la Junta actual están dando una muestra de responsabilidad al tratar de corregir la politiquería económica de la Casa de Nariño cuando el Gobierno subió el salario mínimo 23%, cuando los técnicos recomendaban solo algo más de dos dígitos. No se puede perder de vista que la inflación en Colombia es la tercera más alta de la región y que lleva casi seis meses arriba de 5%, convirtiéndose en un hueso duro de roer para la administración, porque no se ha logrado reducir a menos de 4%, máxime ahora que el Gobierno reajustó el salario mínimo por encima de la productividad y sin tener en cuenta la bola de nieve en que se convierten los mayores ingresos de las familias en un sistema de precios asimétrico como el colombiano, en donde la oferta y la demanda tienen choques externos que drenan el poder adquisitivo de las personas.
Casi todo el incremento se lo absorben los servicios públicos, la educación o los alimentos. Ni siquiera la fuerte revaluación del peso ha logrado que la inflación baje, dado que casi una tercera parte de la otrora llamada canasta familiar está compuesta por bienes importados. En la primera Junta de este año, los codirectores subieron la tasa de interés en 100 puntos básicos, a 10,25%, la más alta en 15 meses, y se mantuvo estable en 9,25% desde mayo del año pasado.
Cuatro directores votaron a favor de esta decisión, dos por una reducción de 50 puntos básicos y uno por mantenerla inalterada, lo que muestra una clara división en opiniones. Para los cuentahabientes y compradores de vivienda es una muy mala decisión, pues bien reza el adagio popular que dicta que los intereses suben por ascensor y bajan por las escaleras. Es casi un hecho que el costo del dinero para este 2026 será alto, mientras la inflación siga estable en 5%, lo que parece suceder dada la decisión del Emisor.
El Banco Central no tiene la culpa de cumplir el mandato constitucional de mantener el poder adquisitivo del peso, luego del alza desmesurada del salario mínimo, que está probado es lo que más afecta el alto costo de vida que deben pagar los colombianos por bienes y servicios que deberían ser muy baratos, como los alimentos, el transporte o los servicios públicos.
Otra de las imperdonables muestras del olvido del Pacífico es que el petróleo colombiano tenga que salir a puerto para ser exportado por territorio y salidas ecuatorianas
El salto que está dando Bogotá, una capital de más de 10 millones de habitantes, en términos de infraestructura mejorará la competitividad de 25% del PIB colombiano