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El Metro, la Séptima y la Longitudinal
El salto que está dando Bogotá, una capital de más de 10 millones de habitantes, en términos de infraestructura mejorará la competitividad de 25% del PIB colombiano
En el primer trimestre de este 2026, el avance de obra de la primera línea del Metro de Bogotá alcanzará 75%. La nueva infraestructura ya se ve aún con retos en la movilidad pero rediseñará definitivamente la manera en que se mueven los bogotanos.
Tras dos décadas de traumatismos en la carrera Séptima, se anunció la construcción del tercer tramo del llamado corredor verde, entre la calle 99 y la 200, que se finalizará en 2029, con una inversión de más de $1,6 billones. Y lo que no es menor: es viable que otra gran obra vea la luz al final del túnel. Se trata de la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) Sur, que logró las licencias ambientales para el tramo entre el río Bogotá y la calle 13.

Con ello será viable la construcción, operación y mantenimiento de 9,5 kilómetros de doble calzada y alamedas, en una de las obras más necesarias para desembotellar el Distrito Capital. Son tres proyectos en desarrollo que impulsarán el crecimiento de Bogotá, que, dicho sea de paso, representa la cuarta parte del PIB colombiano, 25% que, si se amplía a las zonas de influencia en los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, supera la tercera parte de la economía.
Colombia es un gran exportador de petróleo, café, frutas y flores, que tienen en la capital sus centros de operaciones -por puro centralismo-, y necesita que estas grandes obras aceleren la competitividad de una economía centrada en los servicios. Las grandes universidades, las oficinas públicas y las sedes de las empresas y bancos más importantes están en Bogotá, una ciudad que hasta el momento cuenta con una infraestructura rezagada, pero con estas tres obras puede dar un salto enorme en beneficio de la economía colombiana.
Lo más importante es que las obras en desarrollo, tanto el Metro como la Séptima y la ALO, vienen de vieja data, y no hay ninguna administración distrital que no las haya tenido en su agenda, pero los retrovisores entre alcaldes no las han dejado avanzar, un error que hoy se está corrigiendo con creces. La Bogotá de 2030, si las obras avanzan sin mayores interrupciones, disfrutará de una infraestructura que la llevará a otro nivel de desarrollo, impacto que se reflejará en su aporte al PIB, al progreso y a la competitividad nacional. Todo en Bogotá es dos o tres veces más grande que en las demás capitales colombianas y la repercusión del lento progreso siempre cobija a más colombianos.
Por ejemplo, el Metro va a mover más de un millón de pasajeros al día; la carrera Séptima beneficiará a más de dos millones de personas, en 140.000 vehículos y más de 200.000 pasajeros diarios en el transporte masivo. Serán cuatro carriles de tráfico mixto, dos carriles de TransMilenio, un patio portal, dos puentes vehiculares, dos deprimidos, 11,56 kilómetros de ciclorruta y alrededor de 380.000 m² de espacio público y zonas verdes. Y si a esto se suma el arranque de la ALO, la dependencia de la Autopista Sur para salir de la ciudad será una realidad, dado que se optimizará el transporte de carga y pasajeros hacia el suroccidente de Bogotá.
La actualidad deja ver que son muchas noticias buenas que no deben detenerse y frente a las cuales entre todos se debe contribuir para que no terminen siendo falsas ilusiones, como ocurrió durante décadas.
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