MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Colombia debe tener un plan energético
Poco a poco se superará la posición que el actual Gobierno tiene sobre los hidrocarburos, pero más allá del Estado, debe haber un plan que visualice el futuro energético
Por fortuna, se vive en un mundo cambiante y lo que ayer era una realidad hoy no tiene la misma lectura. Y en el tema del petróleo, las cosas lo corroboran. Hasta hace pocos años, las hordas sociales patrocinadas por intereses rusos en occidente arremetieron y satanizaron el fracking como técnica para “recobrar” petróleo en campos maduros.

Luego de la invasión de Rusia sobre Ucrania, a pocos días de terminar la pandemia, todo el mundo se olvidó de esa polémica. Lo mismo está pasando con la sobrevalorada transición energética, que le quitaba peso al petróleo como fuente de energía vital para la movilidad global, especialmente la de carga y pasajeros. Con la llegada de Donald Trump a su segundo mandato, el crudo ha ganado nuevo protagonismo al lado de otras riquezas minerales; el apetito por Groenlandia, la captura del presidente venezolano y el asesinato del líder iraní así lo corroboran.
El oro negro vuelve a brillar en los mercados internacionales, al punto que los precios futuros del crudo han tocado los US$120 por barril, especialmente el Brent, aunque el WTI del Golfo de México también ha estado más revaluado que nunca. Dice Project Syndicate que “cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su guerra contra Irán, la República Islámica optó por la respuesta más eficaz a su alcance: provocar un alza en los precios mundiales de la energía atacando la infraestructura energética del Golfo y bloqueando el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz.
Si bien los efectos a largo plazo en los mercados energéticos siguen siendo difíciles de predecir, el aumento de los precios de la energía y las tasas de interés han proporcionado al presidente estadounidense Trump poderosas razones para buscar una salida a una guerra a la que se opone la mayoría de los estadounidenses, incluyendo a su base de seguidores de Maga. Pero con Israel comprometido con la ‘victoria total’ y una desafiante República Islámica ahora explotando el estrecho, parece probable una cascada de trastornos económicos globales”.
Colombia no debe estar aislada de esta tendencia global; es más, las empresas petroleras que operan en el país lo han entendido y han desatado grandes enroques. Pero la economía local está claramente petrolizada: depende en 30% de sus exportaciones y las arcas nacionales se nutren de las transferencias de Ecopetrol en casi $150 billones durante el cuatrienio gubernamental.
No puede no haber un plan superior energético para los próximos cinco años; el mundo cada vez va a ser más susceptible de lo que pase con el petróleo y Colombia tiene la capacidad -si se explora, explota y comercializa- de venderle al mundo no menos de un millón de barriles al día a muy buen precio, incluso ser jugador importante en Venezuela, pero para eso debe haber una hoja de ruta no ideologizada que busque nuevos ingresos para desarrollar una sociedad con necesidades de nuevas infraestructuras.
Siempre Colombia ha vivido a la penúltima moda petrolera; quizá sea este el momento para que quienes lleven las riendas del país se motiven a obtener recursos nuevos del crudo para hacer saltar un país emergente y reducir las crónicas precariedades que han condenado a muchas generaciones a la pobreza.
Los candidatos presidenciales con posibilidades deben empezar a mostrar su plan petrolero, muy enmarcado en lo que está pasando en el mundo.
Desde hace un semestre las autoridades tributarias vienen maquinando más tributos, en forma de emergencias económicas, leyes de financiamiento y hasta por decreto
No ha terminado el primer trimestre del año ni hay claridad plena sobre el cambio en la Casa de Nariño, pero el sector productivo se reactiva en forma de negocios estratégicos