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Las grandes plataformas digitales concentran el crecimiento del ecosistema creator economy, que podría alcanzar los US$848.000 millones en 2032
La economía de los creadores se ha consolidado como uno de los motores más dinámicos de la economía digital global, impulsada principalmente por plataformas como TikTok, YouTube e Instagram, que hoy concentran la mayor parte de la actividad y monetización dentro de este ecosistema.
Según distintos estudios del sector, el mercado global de la creator economy alcanzó un valor aproximado de US$202.560 millones en 2025 y podría superar los US$848.000 millones para 2032, con una tasa de crecimiento anual cercana a 22,7%. Este crecimiento está impulsado por el aumento del número de creadores, que ya supera los 200 millones en el mundo, y por el papel cada vez más relevante que juegan las plataformas digitales en la conexión entre audiencias, marcas y contenido.
Entre ellas, TikTok se posiciona como la plataforma preferida por los creadores. Un informe de NeoReach señala que 45,5% de los creadores la consideran su principal canal de contenido, superando a YouTube e Instagram. En conjunto, estas tres plataformas concentran más de 90% de las preferencias de los creadores digitales. Sobre las plataformas que hoy resultan clave para construir comunidad, Lucia Vargas, creadora de contenido, considera que cada una cumple un rol distinto dentro del ecosistema digital. “TikTok, sin duda, ayuda mucho a que la gente te conozca más. Allí uno puede mostrarse de una manera más espontánea, como si fuera un diario; Instagram termina siendo donde están los seguidores más cercanos, los que realmente conectan con el contenido que hace”, explica.

Además de la distribución de contenido, estas plataformas se han convertido en centros de monetización. Los ingresos provienen principalmente de acuerdos con marcas, publicidad, suscripciones, ventas de productos y comunidades pagas. De hecho, cerca de 70% de los creadores señala que los acuerdos con marcas representan su principal fuente de ingresos. Vargas explicó también que la forma de monetizar en el ecosistema digital ha cambiado, especialmente en la manera en que los creadores valoran su audiencia y su propio trabajo. “Lo primero es que uno tiene que ponerle valor a su tiempo y a la audiencia que tiene. Yo siento que ahora valoro mucho más mi comunidad”, señala. En cuanto a sus fuentes de ingreso, la creadora destaca que las alianzas con marcas siguen siendo uno de los pilares del negocio para los creadores digitales.
“Sin duda alguna, las redes sociales y la pauta con marcas son fundamentales. Es una de las principales formas de monetización para los creadores”, afirmó Vargas.
Instagram continúa siendo una de las plataformas más rentables para los creadores. Según datos de NeoReach, quienes la utilizan como canal principal generan ingresos promedio de US$81.700 anuales, por encima de YouTube y TikTok. En paralelo, el marketing de influencia sigue creciendo: el gasto de las marcas en colaboraciones con creadores en Estados Unidos pasó de US$2.420 millones en 2019 a más de US$7.140 millones en 2024.
El peso de estas plataformas también se refleja en el marketing digital. De acuerdo con Sprout Social, 57% de las alianzas entre marcas y creadores ocurre en Instagram, mientras que 92% de los especialistas en marketing asegura que el contenido patrocinado por creadores supera en rendimiento al contenido producido directamente por las marcas.
En este contexto, el papel de las plataformas va más allá de la distribución. Funcionan como infraestructuras económicas donde los creadores construyen audiencias, desarrollan marcas personales y generan múltiples fuentes de ingresos, desde publicidad hasta la venta de productos digitales.
Sin embargo, el modelo también plantea desafíos. En la actual Web 2.0, las plataformas siguen concentrando el control sobre algoritmos, datos y reglas de monetización. Esto significa que, aunque los creadores generan valor, gran parte del poder dentro del ecosistema sigue estando en manos de las empresas tecnológicas.
La próxima gran discusión de la economía de creadores ya no es solo cuánto se monetiza, sino quién es dueño de lo que se crea. Con la llegada de la inteligencia artificial generativa, la línea entre inspiración y suplantación se vuelve cada vez más delgada: modelos capaces de replicar voces, estilos visuales o formas de escribir rápidas están reconfigurando el valor de la creatividad. Para los creadores, esto abre oportunidades como producir más rápido u optimizar procesos, pero también riesgos directos como la pérdida de control sobre su propiedad intelectual.
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