.
ANALISTAS 05/12/2025

¿Avanza la vivienda con el Decreto 1166?

Sergio Mutis Caballero
Presidente Grupo Valor

El Gobierno insiste en que está “transformando” la política habitacional, pero los números cuentan otra historia: metas incumplidas, promesas rotas y un desplome sin precedentes en el sector que más empleos genera en Colombia. Con el fracaso en su meta de mejoramiento de vivienda -más del 90% sin ejecutar-, la Casa de Nariño expidió el Decreto 1166 del 4 de noviembre de 2025, norma que quiebra el orden legal y constitucional, abre la puerta a la discrecionalidad y despierta sospechas sobre el uso electoral de recursos públicos a meses de contiendas políticas.

Cuando inició este gobierno, prometió un millón de viviendas nuevas y 400.000 mejoramientos. Tres años después, ni una ni otra meta se acercan a cumplirse. La VIS se contrajo, la demanda se afectó, los subsidios se congelaron y las iniciaciones de obra cayeron a niveles críticos. La vivienda social quedó prácticamente paralizada. Los hogares más afectados fueron las familias de estratos medios y bajos, para quienes la compra de vivienda es el proyecto patrimonial más importante de sus vidas. Recibieron incertidumbre, tasas de financiamiento altas y trámites inconexos.

El deterioro es el resultado de una ejecución errática, de decisiones contradictorias y de una política que se quedó en los discursos mientras el país real se hundía en desistimientos y retrasos. La tasa de iniciaciones de VIS está muy baja y miles de familias perdieron su oportunidad de comprar vivienda formal porque el Estado les falló.

Vale recordar que la construcción no es solo ladrillo: es economía pura y política social aplicada. Cada vivienda jalona la economía con más de 130 subsectores, genera empleo y dinamiza ciudades. Cada subsidio bien ejecutado se convierte en patrimonio para hogares que jamás habrían podido acceder a vivienda sin subsidio a la cuota inicial y a créditos sin apoyo estatal. Al frenar este motor, el Gobierno empujó hacia la informalidad a miles de familias.

En este contexto, aparece el Decreto 1166, como aparente solución al fracaso en mejoramiento. Es regresivo. Sustituye la licencia de construcción -herramienta de control urbano, técnico y estructural- por una “carta de responsabilidad” suscrita por el propietario. En un país sísmico, donde la calidad de la vivienda determina la vida o la muerte, esta medida no es simplemente equivocada: es peligrosa.

El decreto evade el orden urbanístico, desconoce la reserva legal en materia de licenciamiento y arrebata competencias a los municipios. Abre un boquete para la expansión de obras sin supervisión. La Corte Constitucional ha sido clara: la vivienda digna incluye habitabilidad, estabilidad y seguridad. ¿Cómo garantiza eso un documento sin inspección, sin verificación técnica y sin responsable profesional independiente? No lo garantiza.

Lejos de resolver problemas, el decreto crea otros: abre la puerta a la politización de subsidios, discrecionalidad en obras y uso clientelista de recursos. El Decreto 1166 no avanza en vivienda; retrocede décadas en seguridad, institucionalidad y orden urbano. La vivienda digna exige rigor, profesionalismo y Estado. Lo que no exige -ni merece- es improvisación con efectos electorales.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA

MÁS DE ANALISTAS

ÚLTIMO ANÁLISIS 26/03/2026

La comodidad también cuesta

En la vida personal ocurre lo mismo. Permanecer donde no se quiere estar, sostener lo que ya no tiene sentido o evitar decisiones por miedo a lo desconocido no es estabilidad

ÚLTIMO ANÁLISIS 25/03/2026

La “deuda” de la transformación

El futuro otorga a todas las empresas un crédito en el presente: un margen de tiempo para adaptarse, innovar y redefinir su modelo de negocio. La forma en que las organizaciones lo utilicen determinará el tamaño de la deuda que deberán pagar más adelante

ÚLTIMO ANÁLISIS 24/03/2026

Un nuevo dilema urbano

En Colombia, el desafío es anticiparse con una regulación inteligente que no frene el turismo, sino que ordene sus impactos, diferencie usos y proteja la oferta residencial