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Analistas 09/05/2026

Unas elecciones mediocres

Santiago Angel

El 31 de mayo el país elegirá a quienes irán a la segunda vuelta para ganar la Presidencia. Hasta ahora parece que el primer lugar está definido para Iván Cepeda y el segundo lugar podría estar en un cabeza a cabeza entre Abelardo de La Espriella y Paloma Valencia. Cepeda va en coche y las cifras de popularidad del presidente Petro le han caído en rodadero sin perder un punto. Mientras que la izquierda está unida, cohesionada y enfilada en el poder, la derecha decidió apelar a la estrategia de las guerrillas digitales para causar daño y acribillarse mutuamente. El centro, que ha querido hablar de propuestas y de políticas públicas, sigue atrás, relegado y sin lograr generar emoción.

El daño que se han causado las campañas de Abelardo y Paloma podría ser irreversible. He escuchado a electores de ambas campañas decir que en segunda vuelta no acompañarán la propuesta de derecha si pasa el competidor. Elegirían votar en blanco o no votar.

Realmente la estrategia digital de puños y patadas ha sido muy efectiva, pero para las ambiciones electorales del presidente Petro. En la campaña de Abelardo se posicionaron en la conversación tres influenciadores jóvenes a los que les falta mucha -o toda- madurez política. Son de un activismo radical y violento en el discurso que seguramente ha alejado a muchas personas que consideraban esa opción. Es la anticampaña de Abelardo. Y en la campaña de Paloma decidieron contestar en las últimas semanas con agravios parecidos. Es la Ufc al público libre en redes sociales.

Mientras tanto, el Gobierno está jugado en todas sus dependencias. Fuentes con las que hablé en tres instituciones, entre ministerios y entidades dependientes de Presidencia, me aseguraron que los recursos contratados antes de la ley de garantías y los contratos directos que se han hecho en los últimos meses no tienen precedentes. Con todas las irregularidades evidenciadas, los contratos salen adelante de manera extraña, incluso con certificaciones falsas, como sucedió en Findeter y lo evidenciamos en La Fm.

Cepeda está haciendo una campaña diferente. En silencio ha rechazado políticos petristas cuestionados, está hablando de transparencia y lucha contra la corrupción y ha tratado de desmarcarse de las ideas comunistas que, dice, le han endilgado sin justicia y sin que las haya pronunciado antes. En las dos últimas entrevistas que le dio a Bocas y a Andrés Mompotes en El Tiempo, Cepeda habla de un modelo capitalista lejos de estatizar la economía, pero con un énfasis en la economía popular y la economía campesina. Claro, habrá que ver si es estrategia de campaña o es genuino. Cuando nombraron a Daniel Quintero superintendente de Salud, su respuesta fue el silencio incómodo.

Lo cierto es que, si gana, el próximo Gobierno podría tener mayorías en la Corte Constitucional, deteriorar más la independencia del Banco de La República; el Congreso no estaría cooptado, pero sí con la fuerza mayoritaria pro Gobierno. Habrá otras decisiones con amplia incidencia en el devenir político, como el cambio completo de los magistrados de la Sala de Instrucción en la Corte Suprema.

Cepeda se muestra un hombre respetuoso y decente. Pero no está siendo del todo democrático con la prensa, porque se niega a entrevistas con quienes lo cuestionan, como si para hacer una entrevista entonces tuviera el periodista que tener pleitesía y rodilleras. Tampoco ha querido asistir a debates, aunque dijo que los aceptaría.

Pero lo cierto es que en política pública los candidatos, todos, tienen por ahora muy poco. La cantidad de lugares comunes efectistas, populistas y vacíos para responder a los verdaderos problemas del país es abrumador. Además, muchos demuestran desconocimiento frente a la primera bomba que van a tener que llegar a desactivar, y es la crisis fiscal por la deuda que deja este Gobierno, que tanto se quejó de la deuda del Gobierno anterior con una pandemia en sus espaldas.

Nadie ha dicho con claridad si va a llegar a realizar una reforma tributaria o cómo va a hacer para sacar la plata y pagar el endeudamiento. Tampoco se habla de la realidad del sector salud ni de propuestas concretas para reducir los accidentes de tránsito que el año pasado superaron los 8.000, una masacre colectiva por falta de cultura y prevención.

Nadie habla de manera concreta y directa de la crisis de la precarización laboral de los médicos, ni de la bomba del gas que viene por la decisión de cancelar la exploración. No se habla en extensión de la minería ilegal, o de la bonanza de los narcocultivos, de política de sustitución, de los casi 27.000 hombres en armas. Claro, hay frases simples y tontas, pero nada más. Ha sido hasta ahora un debate electoral muy pobre, hay que decir.

En ninguno de esos temas se ha escuchado en detalle a Iván Cepeda y es claro que va a pasar a segunda vuelta. Y los otros dos candidatos que tienen posibilidad de competir están enfocados en pegarse en las redes con sus fanaticadas pueriles y de dopamina. Este último tramo electoral, me parece, palidece en candidatos y en debate frente a otras elecciones en Colombia y en la región.

Los candidatos son algo mediocres, el debate no ha existido de verdad y las propuestas son muy etéreas y superficiales. Y el país con los problemas que tiene.

Así están las cosas en la recta final.

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