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Esta semana estalló un escándalo más en el Gobierno. La intervención de las EPS que tiene al país en una crisis con pocos precedentes en el sector salud develó una dura puja interna por el poder en la Casa de Nariño que se dio durante el año pasado.
En la historia hay nombres de altos funcionarios en Palacio, cercanos al Presidente, candidatos al Congreso y lobbistas. Pero hasta ahora hay un enfoque del que no se había hablado y que espera respuestas. Vamos por partes.
El escándalo es así: el exsuperintendente Luis Carlos Leal designó unos interventores para las EPS que el Gobierno comenzaba a administrar. Era marzo de 2024. Hoy conocemos las consecuencias de esas intervenciones. Benita Pérez, paciente de Leucemia meiloide que había sido atendida durante más de 20 años con la entrega de sus medicamentos sin interrupción, murió esta semana porque, desde que el Gobierno se hizo cargo de la Nueva EPS, interrumpieron la entrega de sus medicinas. Pérez tuvo más de 170 días sin medicamentos, lo que hizo que su enfermedad se deteriora como le sucede hoy a miles de pacientes sin atención.
Los interventores que nombró Leal resultaron ser un desastre. Poco a poco, en cada EPS las cuentas empezaron a crecer, llegaron llamadas extrañas cobrando comisiones para pagar deudas a IPS a las que les debían, y la crisis se agudizó. Pacientes en las esquinas de Colombia haciendo filas para reclamar sus medicinas en clínicas y hospitales o farmacias que tuvieron que cancelar sus contratos con las EPS porque la intervención fracasó.
Leal era un funcionario cercano al Presidente pero en noviembre de ese año sorpresivamente se conoció su salida de la entidad. Esta semana, Petro dijo que Leal había sido “ingenuo” y que se había enterado de que Laura Sarabia le había mentido entregándole unas hojas de vida de los interventores y diciendo que las había seleccionado el propio Presidente. Sarabia, que después de eso sigue siendo embajadora en Reino Unido, contestó que su gestión tenía trazabilidad. Agregó que mantiene en su poder unos chats que probarían quién ordenó y eligió las hojas de vida. De hecho, le pidió a la Fiscalía una declaración juramentada de su jefe. Nada más y nada menos.
Aquí se pone mejor. Quién envió las hojas de vida a Leal no fue Sarabia. Fue Jaime Ramírez Cobo, un funcionario que era el enlace de Presidencia con el Congreso y aparece en todo el escándalo de la Ungrd sin que hasta ahora nada le haya pasado. El intocable Jaime era amigo de Sarabia pero también de otras personas. Aquí va un nombre que quizás tenga que dar varias respuestas: Mario Urán. Este es un lobista operador de la salud que conoce cómo se mueven los hilos del sector y que Leal denunció por presuntos hechos de corrupción en cuatro EPS cuando le tocó irse de la Super.
Surge otro interrogante. ¿Quién le dio poder a Urán?, ¿Urán tuvo algo que ver en las hojas de vida de los interventores que terminó enviándole Jaime Ramírez al superintendente?
Pero esto no es ni la mitad. Resulta que en marzo de 2024, en la Comisión Séptima de la Cámara de Representantes, se estaba debatiendo la reforma a la salud. El timing. De acuerdo con fuentes con las que hablé para esta columna, y que conocen en detalle la historia, ese es el real quid del asunto.
El Gobierno, el Ministerio de Salud, necesitaba algún estímulo para los representantes que tenían en sus manos uno de los proyectos más ambiciosos de la administración. Y como suele suceder en política, y ocurrió en la Ungrd, lo que podían hacer era darles representación a algunos congresistas a través de los agentes interventores. Surgieron unas hojas de vida y mágicamente, con las designaciones hechas, la reforma se aprobó para su siguiente paso en Senado.
¿En dónde queda entonces el ministro Jaramillo? Sarabia parece muy confiada en las pruebas que dice tener. Habla de reuniones entre Leal, Jaramillo y otros funcionarios en la Presidencia. ¿Acaso le entregaron la administración de las empresas prestadoras de la salud a politiqueros para pasar proyectos en el Congreso?, ¿Le dieron las EPS a congresistas? ¿Hubo otra transacción legislativa como en el caso de la Ungrd? ¿Esto lo sabía Jaramillo, el vehemente ministro que justifica la crisis en todos menos en él mismo?
Lo que está por descubrirse en Colombia podría ser del tamaño del escándalo de Saludcoop o más grande. Y hay muchos nombres que deben estar ansiosos y temblando porque lo narrado aquí se conozca. Más detalles en próximas columnas.
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