Analistas 11/12/2020

Una Navidad en pandemia

¿Será distinta esta Navidad a la de otros años? Pienso que quizá todo sea igual, pero con matices que la harán especial. Sí debería cambiar el saludo que debería ser algo así como: “¡Feliz Navidad, cuídate!” Dicen los expertos que el espacio de mayor peligro para la transmisión lo constituyen las reuniones familiares. Por tanto, debe primar la prudencia por encima de todo, lograr armonizar el cariño con la protección mutua.

Las reuniones familiares presenciales deberán ser seguras, y quizá para eso, más pequeñas y controladas. Sin embargo, se abren nuevas posibilidades en internet aprovechando la experiencia en organizar y participar todo tipo de reuniones durante estos meses pasados. Las reuniones familiares pueden llegar donde antes no llegaban. Parientes de cualquier parte del mundo podrán estar presentes en reuniones organizadas con este fin, se podrá cantar juntos y brindar cada uno en su casa.

Existen sentimientos guardados, que se han ido represando durante estos meses pasados, y que necesitan expresarse. Y la Navidad es una gran ocasión para manifestar el aprecio, la amistad, la gratitud, etc. El cansancio, la incertidumbre, la frustración, las preocupaciones…deberán quedar un lado en estos días tan especiales para alegrar la vida a los demás. Hay necesidad de una conexión emocional con los demás. Las redes sociales abren enormes posibilidades de felicitar la Navidad a todo tipo de personas, y eso está bien.

Pero quizá se aprovecha menos la llamada personal, o la videollamada. La costumbre de ver las caras de familiares y amigos es algo que le debemos a la pandemia, en el sentido de que familiarizó con esta práctica a muchas personas. El contacto visual alegra el alma, cambia el estado de ánimo de todos pues los ojos trasmiten los sentimientos.

¿Y las compras navideñas, cambiarán? Las personas que han tenido la inmensa fortuna de seguir cobrando un sueldo, aunque sea modesto, han tenido la posibilidad de ahorrar algo, y ahora es la ocasión de darse un gusto y de regalar, aunque no se pueda hacer personalmente. Es verdad que el sentido de austeridad está presente en muchas personas, sea cual sea la situación financiera familiar, y el aprendizaje de pensar más y mejor los gastos es algo que le debemos a la pandemia, ante la incertidumbre de lo por venir. Abundarán las natillas y buñuelos, hechos en casa, como regalo entrañable para los amigos.

Se aprecia ya un desbordarse de la solidaridad y generosidad de personas e instituciones, en esta época del año. Los más necesitados de la sociedad necesitan la colaboración de todos, y más aún, la cercanía, el contacto afectuoso. La virtualidad abre muchas posibilidades de escoger un modo de ayudar que se relacione con la propia sensibilidad. La novena al Niño virtual puede tener connotaciones de fraternidad especiales, pues puede unir mejor a familias, colegas, compañeros, etc. El arraigo de esta costumbre se puede incrementar en esta Navidad al experimentar un modo distinto de vivirla.

¿Podrá la pandemia revivir el sentido religioso de estas fiestas? Es una duda razonable, pues la proximidad del sufrimiento y de la muerte, de cerca o de lejos, lleva, casi sin querer, a Dios. Sea esta una ocasión para proponer que, en esta Navidad en pandemia, hagamos un pesebre en el hogar más vistoso que nunca. Y pedirle al Niño Dios que, además de traer regalos, se lleve el virus.