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Hay años que llegan alegres como caballos briosos y otros como Rocinante, cansados, exaustos y un poco incrédulos de que haya un mejor camino por delante. Sin embargo, este 1 de enero se debe hacer el gesto más quijotesco de todos; invocar la fe y arrancar, tal cual nos lo enseñó el Quijote, ese debe ser el primer acto de valentía de este año. … antes de que empiecen los diagnósticos, las excusas y los “yo se los dije”.
En ese célebre espíritu que se atribuye a Cervantes, esa lista iluminadora de consejos y esperanzas, encontramos unas claves para cabalgar en este nuevo calendario. Nos recuerda que los mayores obstáculos no están afuera, sino en nuestras indecisiones; que antes que dragones y gigantes, nos derrotan nuestras dudas; y que el enemigo más fuerte no es “el poderoso”, sino el miedo que vienen infundiendo… y la falta de confianza en nosotros mismos.
Entramos al año nuevo entre ruido, ansiedad y una niebla tan espesa que ni los expertos se atreven a hacer pronósticos sin asteriscos. Es fácil equivocarse otra vez, fácil mentir, sencillo caer en el “qué me importismo”, esa doctrina que no exige esfuerzo. Lo difícil, como siempre, es elegir el camino del trabajo serio, de la conciencia y de la acción contundente para lograr el cambio, aun sabiendo que no es fácil. Don Quijote nunca aspiró a la perfección; pretendió la dignidad.
El desaliento, nos advierte el espíritu de Cervantes, es la peor derrota. Y cuánta tentación hay hoy de rendirse: en la política de los corruptos, en la economía de los mafiosos, en lo cotidiano del trabajo honrado. Por eso quizá la enseñanza más poderosa de El Quijote no es la locura heroica, sino la decisión contundente y la terquedad ética. Ese valor para levantarse una vez más, para creer que la justicia vale la pena aunque nadie aplauda y que lo bien hecho siempre triunfa para seguir cabalgando aunque algunos digan que no tiene sentido.
El nuevo año nos invita a tener menos soberbia, menos rencor… y más acción y optimismo; menos grito y más datos; menos resignación disfrazada de realismo y más esperanza con los pies firmemente en la tierra. No se trata de negar la realidad, para eso ya están las redes sociales, sino de enfrentarla con conciencia limpia y con el propósito de sumar un bien, aunque parezca pequeño, allí donde nos toque estar.
Que este año, entonces, sea quijotesco en el mejor sentido; Que tengamos el coraje de equivocarnos haciendo algo que vale la pena; Que no nos paralice el miedo; Que aprendamos a reírnos de nuestras derrotas sin volverlas rutina; Que recordemos que ningún molino se vence huyendo, y ninguna injusticia desaparece mirando hacia otro lado.
Porque hoy, como le habría dicho el caballero Don Quijote a Sancho Panza; “hoy puede ser el día más hermoso de nuestra vida”, si tenemos la disposición y la firme decisión de hacerlo posible. Y si cada uno aporta un poco de bien, quizá hagamos conciencia que el mundo tiene más caballeros andantes de los que parece… solo que ahora llevan delantal, uniforme, bata, toga o mochila, y cabalgan entre nosotros todos los días.
El petróleo venezolano fue utilizado durante años para sostener una tiranía con el silencio cómplice de la izquierda internacional