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Analistas 21/02/2021

Detrás de las palabras

En esta postguerra contra el covid todos queremos ver a nuestros líderes trabajando juntos, reconociendo las buenas ideas sin importar el origen, honrando compromisos y construyendo alianzas con los empresarios y la verdadera sociedad civil con una propuesta donde como conjunto cedamos un poco y ganemos mucho. Todos aspiramos a que los políticos nos propongan un imaginario responsable, inspirador y con acciones enfocadas a cómo vamos a seguir construyendo nuestro país que tanto ha avanzado en los últimas décadas. Esto pese al desgaste que significa las oposiciones ciegas con ataques, mentiras y calumnias llenas de odio que han generado -y lo siguen haciendo- más divisiones y violencia.

En oposición a lo que todos queremos ya empezaron las campañas políticas donde pareciera que el lema que comparten todos los políticos es "todo vale" y el único rasero es saber quién lo dijo para caerle, destrozarlo e invalidarlo cual jauría de hienas. Se inventan frases, nombres slogans muy impactantes para hacer creer que ellos sí son honrados, solidarios, incluyentes, conocedores, cumplidores de las ley, servidores y grandes estadistas tratando de tapar sus pasados oscuros, su falta de ética y sus intereses personales. Lo único cierto que se deduce de ello es que se enfocan en una guerra por demostrar quién es peor y no quién es el mejor, o cuál va ser el plan para acabar lo que hizo el gobierno de turno y no rescatar lo bueno y construir sobre lo construido; es decir, todos van a quedar empelotas.

Así es que la primera invitación es buscar y acompañar a los mejores. La segunda es saber que todos los colombianos queremos seguir progresando, y así compartirles una aproximación de la ONG británica Legatum Institute cuya misión es crear caminos para construir prosperidad. Ellos definen esta prosperidad y la modelan para inspirar a todos a ser líderes desde el cuidado de la familia, hasta de grandes colectividades sociales y de empresas sin importar el tamaño.

La prosperidad entonces es más que el bienestar y el crecimiento económico: es cuando las personas pueden desarrollarse abiertamente en torno a su felicidad. En las sociedades prósperas las personas viven pacíficamente y libres de las amenazas de ser violentadas, oprimidas o subyugadas bajo el crimen. Todos entienden que es dignidad y respeto; son libres de elegir, votar y seguir sus creencias.

Las instituciones del Estado actúan con la verdad e integridad supremas y bajo el imperio de la ley. Las familias son estables y comparten la vida en comunidades solidarias con valores que soportan la cultura y construyen confianza para que la sociedad siga floreciendo. La prosperidad es guiada por una economía abierta que incentiva las ideas y el talento.

Si hemos superado tantos escollos de violencia, si hemos llegado a niveles de un país merecedores de ser miembro de la Ocde y creemos que la prosperidad es un valor superior que nos une como país, encontremos el político que tiene la capacidad de seguir construyendo sobre lo que hemos logrado todos.