Y, en economía, perder velocidad suele ser más costoso que nunca haber acelerado. Porque el verdadero costo de no invertir no se mide en el presente. Se paga en el futuro
Ahora, en la distancia, tras haber abandonado hace unos años mi segunda patria, Colombia, también me preocupa lo que pueda pasar en las elecciones de las próximas semanas
Colombia está cruzando una línea peligrosa: la de normalizar la violencia simbólica en la política, la de aceptar que todo vale, la de creer que el fin justifica cualquier medio