Analistas

La moneda y la sociedad

Hoy cuando el factor monetario es un tema de interés por la devaluación del peso frente al dólar, es oportuno hacer referencia a ese sistema abstracto de complejidad formidable al que atañe Anthony Giddens, conecta mediante un sistema simbólico los procesos globales, con trivialidades mundanas de la vida ordinaria, como es el consumo conspicuo que habitualmente la gran mayoría de los seres humanos realizamos, sin detenernos un instante a reflexionar sobre esa unidad de valor que nos facilita el intercambio comercial.

Pero si nos detenemos un instante ante esa trivialidad, vamos a encontrar sencillamente, que todos de alguna manera contribuimos a darle valor a la moneda, develando Bruno Théret, que su universalidad está fundada en su naturaleza de lazo social, de operador de la pertenencia social y de la mediación en los intercambios sociales.  Por lo tanto, se puede percibir, que la moneda como elemento simbólico representa la identidad de una nación.

Compréndase en consecuencia, que al ser un elemento que cumple esta función, la moneda pasa a depender totalmente del orden social y político de ese conglomerado, al igual que de sus niveles de solidaridad y de los buenos hábitos comunitarios, para que ese elemento sea avaluado más allá de las fronteras en donde es usado como medio de intercambio y de reserva de valor.

Ahora todavía más, resulta que del nivel de confianza que haya en la sociedad, depende el dinamismo del sistema de deudas públicas y privadas,  por consiguiente, los tiempos y rapidez del intercambio, así como también, los negocios y las transacciones dependen por completo de este factor que debe ser construido por la sociedad para su desarrollo. 

Por consiguiente, la moneda termina sirviendo como medio para definir objetivamente las variables abstracta enunciadas, haciendo mensurable y cuantificable la forma como se desenvuelve el conjunto de las relaciones sociales, constituyéndose en el corazón de la reproducción social, al ser saldadas las deudas a través de ella, por ser unidad de cuenta y medio de pago; creando un conjunto de transacciones reales y simbólicas ritualizadas, que enlazan a los seres humanos entre sí y con las entidades suprahumanas. 

Hay que tener en cuenta, que este sistema esta fundado en la confianza, para que los integrantes de la sociedad usen la moneda sin hacer preguntas, en un proceso que debe ser garantizado por un poder colectivo que crea pertenencia social.

En consecuencia, la confianza se torna definitiva para construir comunidad, fortalecer la moneda y dinamizar la economía. Construyéndose ésta, a partir de las bases morales que percibe el individuo en la comunidad a la que pertenece,  donde debe aprender que sus derechos emanan del bien común. De  esta manera se entiende, que los derechos dependen del cumplimiento de las obligaciones que se tienen frente a la sociedad, porque sólo dentro de la estructura de una comunidad política ética concreta, se pueden llevar vidas morales significativas y disfrutar de la verdadera libertad.

De esta manera, la moneda simplemente refleja la práctica de la virtud cívica, la prevalencia del bien público y la participación democrática de una nación. En otras palabras, la moneda es el espejo de la sociedad, y esta será bien reconocida dependiendo de los niveles de confianza que en ella existan.  En definitiva, la sociedad es la que termina decidiendo que tipo de moneda quiere tener, siendo a través de ella como se ve representada.