Analistas

El lastre del modelo hacendatario

Sin lugar a dudas como ha dado a conocer Fernando Guillén, el modelo hacendatario es una de las causas para que Colombia no sea hoy un país desarrollado; este hace parte de nuestro proceso histórico, que ha llegado a condicionar el desarrollo social, económico y político, conformando un poder público que ha favorecido los intereses de una minoría.

Entiéndase en este contexto, que la hacienda no era una unidad de producción, sino un conjunto de pequeñas parcelas explotadas individualmente por familias, que trabajaban con sus propios medios de producción comprados a crédito a la hacienda, obligando de ante mano a entregar la totalidad de la producción a ésta. Nótese, que en esta forma de producción, la inversión con sus riesgos para el capitalista eran mínimos ante cualquier evento desfavorable, al correr los costos por cuenta del aparcero, garantizando entre otras la retención de la mano de obra.

Este modelo de organización, comprendía un sistema autárquico en el que se evitaba el monocultivo para producir sus propios alimentos, aislando los costos de los trabajadores de los precios del mercado. De esta forma, los arrendatarios  constituyeron la fuerza de trabajo permanente de la plantación, pagando el canon de arrendamiento con trabajo y eran obligados a vender a la hacienda los alimentos que se producía la parcela.

Siendo esta una causa relevante para que el comercio exterior del país, para Marco Palacios se diera hasta 1910, porque los capitalistas colombianos en su comodidad, poco se mostraban interesados en la ampliación de la capacidad productiva, implicando esto un elevado atraso tecnológico en el sector exportador, porque inclinaban las condiciones a sus intereses de continuidad y poder en la región, que incluso los llevó a conformar las primeras formas de privatizar la seguridad en el país, creando sus propios ejércitos y sistemas de justicia en donde “el gran señor” resolvía los conflictos y arbitraba la vida de los moradores de su gran hacienda.

Fue así que se construyó el Estado colombiano, con unos gamonales que con mezquindad les convenía mantener una población ignorante y fácilmente manipulable obligándolos a depender de ellos, sin importar que el país se rezagaba con este sistema del contexto internacional. Este lastre histórico lo hemos cargado durante el siglo XX y aún en el país se ven vestigios del él, vasta con ir a algunas regiones y observar que el rezago en el desarrollo obedece a estas formas de organización precapitalista.

Es evidente que en estos momentos de cambio, se debe buscar dar término a estas estructuras anacrónicas, rompiendo con los estados de confort que inhiben las transformaciones que exigen un esfuerzo adicional, mejorando con ello las condiciones de producción, pero sobre todo la calidad de vida de los campesinos, entendida esta, como el fomento de las capacidades que aumentan el abanico de oportunidades, que sin lugar a dudas, los alejaría de conductas desviadas que podrían optar por el delito como forma de vida. Este debe ser un propósito de los colombianos para romper con los eventos de violencia y criminalidad.