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Convivencia, urbanismo y seguridad

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Hay que tener en cuenta, que las ciudades colombianas han crecido de manera desordenada y sin planificación, en especial la capital del país, afectando con esto el espacio público, que no guarda una simetría, sino que sus diferentes escenarios obedecen a las modas arquitectónicas del momento sin visión alguna, permitiendo que los sectores residenciales sean invadidos de un comercio desordenado y de unos establecimientos públicos que al ser ubicados sin criterio, han terminado afectando seriamente la tranquilidad de los ciudadanos.

Esto ha acontecido porque se ha inhibido la realidad histórico-geográfica y sociocultural por parte del factor político-administrativo, que es el encargado de dar orientación a las urbes y forma a las instituciones. por lo cual no se han dado diagnósticos acertados y políticas públicas  efectivas que mejoren la convivencia. Afectando con ello el espacio que conforma la ciudad, que establece obligatoriamente una relación entre objetos y personas que se relacionan entre sí.

Conllevando lo anterior a comprender, que el fenómeno del urbanismo establece una relación del proceso social con la forma espacial, incidiendo esto notoriamente en el comportamiento de las personas, más cuando se debe tener en cuenta, que los ambientes organizados inhiben el delito y mejora la actitud de las personas. Este impacto psicológico, influye en las reacciones humanas, atando los procesos sociales y las formas espaciales. En palabras de Albert Bandura las personas actúan sobre el ambiente y a la vez son influidas por la forma en que lo entienden, siendo este un concepto compartido por Steven Pinker.

Implica esto un compromiso de la administración pública y de los ciudadanos, de ordenar el espacio público para mejorar las condiciones de vida de las personas, construyendo lugares significantes de vida en común,  creando proyectos de futuro en medio del cambio, de la diferencia y del conflicto, porque de esto depende la seguridad, la convivencia y el desarrollo de una comunidad.

De esta manera, se terminan entrelazando el urbanismo, la seguridad y la convivencia, porque el ambiente espacial tiene efectos sobre los modelos de conducta, obrando incluso como un instrumento de redistribución social, de cohesión comunitaria, de autoestima colectiva, como espacio político, de formación y expresión de voluntades colectivas, en donde como es lógico, hay diferencias que demandan de la población unos conductos racionales para solucionar los conflictos. 

Es claro que no basta con hacer intervenciones represivas en las zonas de tolerancia, si estas no van acompañadas de toda la institucionalidad del Estado para cambiar la realidad espacial. El espacio público mal administrado trae desorden y delincuencia, las ventas informales incluso se han convertido en unas mafias que delinquen de manera soterrada detrás de la fachada de un humilde trabajador que es explotado y carece de toda la seguridad social. Esto es una situación que no solo está en manos del gobierno, sino en cada uno de los pobladores de este país rico materialmente, pero que adolece de una cultura cívica que patológicamente a traído caos, desorden y criminalidad.
 

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