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Analistas 28/04/2021

Sin pandemia, pero enfermos

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Esta semana vengo a hablarles de por qué aunque superemos la pandemia vamos a seguir enfermos. Se trata del “lenguaje covid” y el poco margen de maniobra que le está dejando el virus al sistema de salud. Una especie de código cerrado al que no tienen acceso otros pacientes; personas que son descartadas en atención porque no están contagiadas o no son sospechosas. Procedimientos y tratamientos que son aplazados; citas con especialistas que están negando o entregando a meses porque no son urgentes, sin calcular que cuando se vuelvan urgentes podría ser muy tarde. Hoy médicos, EPS e IPS están tan volcadas atendiendo contagiados por coronavirus que a casi todo lo demás se le puso en pausa. Conozco varias familias víctimas de esa mecánica: a un adulto mayor de 80 años le reprogramaron varias veces una cirugía del corazón; no se podían arriesgar a que él ocupara una unidad de cuidados intensivos en pleno pico, al final cuando ya parecía abrirse espacio para realizar la intervención, murió de un infarto. Otro de los casos es el de una mujer que duró tres meses esperando el control de una cirugía en la que le sacaron un tumor maligno. En el caso de la mamá de un compañero, lleva varias semanas tratando de programar una operación de remplazo articular; y a la mamá de otra amiga nunca la atendieron, aunque tenía un dolor insoportable que la mantuvo por semanas postrada en una cama.

¿Hemos calculado cuántas personas pueden morir de otras enfermedades tratando de salvar a los infectados por covid-19? ¿Vamos a dejar que muchos, que hoy tienen afecciones simples, lleguen a un punto irreversible y sus complicaciones se vuelvan mortales? ¿Alguien está calculando ese altísimo costo para la salud en pospandemia? No olvidemos que el cáncer, los infartos y la diabetes representan 71% de las muertes en el mundo.

Sí, tenemos que atender cada caso de covid. Sí, tenemos que salir bien de la pandemia. Pero salir bien no es solo tratar de controlar esos números que asustan a diario en un contador de contagiados y muertos. Hay otros enfermos y otros muertos que nadie está contando y que también importan.
O bueno, quizá esos a nadie les importe o escandalice, al final de cuentas esas muertes no van a aparecer en ningún reporte diario publicitado por del Ministerio de Salud y los medios de comunicación.

Y es que hoy, si no se trata de un esfuerzo contra el coronavirus, entonces, parece que no valiera la pena. Y eso que hace un año las cosas eran peor. Aún recuerdo que al principio de la pandemia en varios países frenaron las jornadas de vacunación, con anuencia de la OMS, poniendo en riesgo a cerca de 20 millones de menores. Incluso, en ese momento alcanzaron a resurgir enfermedades como la difteria, el cólera, el sarampión y el polio. Mejor dicho, por cuenta de la suspensión de millones de dosis de inmunización pudieron morir más niños por una epidemia que personas por la pandemia. Pero de eso solo nos daremos cuenta cuando el covid haya desaparecido y nuestra atención pueda ocuparse en otros temas. Y me temo que para entonces, en muchos casos, habrá poco por hacer.

Si no nos tomamos la salud en serio y salimos de ese código cerrado del covid, terminaremos las cuarentenas, se acabarán los picos, desocuparemos las UCI y superaremos la pandemia, pero vamos a tener un mundo enfermo y agonizante.