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Populismos y cuarentenas

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Maritza Aristizábal Quintero Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Llegó el momento de poner las cosas sobre la balanza. Desde que anunciaron la cuarentena me he empeñado en mostrarles cosas positivas, y esas siguen ahí. Pero entramos en una nueva etapa del aislamiento y por eso esta columna también se transforma, evoluciona. Es momento de una reflexión más profunda que nos permita pensar un mejor camino, que seguro está por la vía del medio.

Para llegar allí primero tendremos que derrumbar los muros que ha construido el populismo y que nos hace ciegos a un contagio que se propaga y también es letal: el de la pobreza y el hambre. Por muy escandalosas que sean las cifras de covid, no podemos olvidar esta: cada día mueren en el mundo de hambre 24.000 personas. Saquen cuentas.

Centrémonos primero en el populismo, el que exhiben aquellos que a cada propuesta responden con un NO. Se muestran cómo grandes líderes en la crítica, pero de soluciones poco. Y acá recuerden que por regla universal lo más fácil siempre es hacer nada. Ya ustedes les pondrán nombre y apellido a estos personajes. Todo lo hacen afincados en el terror, que no solo es de ellos, sino de todos, de que el contagio y las muertes por coronavirus lleguen a niveles incontrolables. Entonces presentan una realidad que siempre resulta popular: la de la lucha de clases. Atinan a decir que los beneficiarios de medidas progresivas son los grandes industriales o conglomerados empresariales. Y olvidan convenientemente que 40% de los colombianos está en la informalidad y ya no viven ni siquiera del día a día.

Para mantener su discurso ignoran otra cadena mortal de contagio: la de la pobreza. Así arranca la cosa, que tiene “jodidos” a todos por igual. Se los voy a ilustrar con historias basadas en casos reales. Verán cómo esto va del estrato 6 al 0.

Andrés es dueño de una exitosa agencia de viajes, con sede en cinco ciudades. Sus ventas se redujeron a cero. Sobrevive con los pagos de facturas retrasadas. Pero consciente de que este año no recibirá un peso más y en cambio sí tiene que pagar arriendos, servicios públicos y nómina, las cuentas ya no le dan. Tuvo que despedir a 40% de sus empleados y todavía busca fórmulas para mantener al otro 60%.

Alejandra trabajaba para Andrés. Su esposo, Hernán, era conductor de Didi y ahora los dos son desempleados. Les tocó terminar el contrato de Berenice, la señora que les ayudaba a cuidar a su hijo Benjamín de cuatro años.

Berenice es mamá soltera de dos niños. Todos los días le pagaba a Yurani, su vecina, para que recibiera a sus hijos del colegio y se quedara con ellos hasta las 7:00 de la noche.

Yurani en las madrugadas trabajaba en un restaurante que ahora está cerrado. Vive con su tía Inés que es vendedora ambulante. Entre Yurani e Inés pagaban la renta de un “apartaestudio”, en el que compartían baño, cocina y lavadero con otros inquilinos en la casa de Don Jesús. Ni Yurani ni Inés, ni ningún inquilino tienen ya para pagar la renta y ese es el único sustento de don Jesús y su esposa Faride. Tienen 75 años y 69 años.

Recuerden que todo empezó con el descalabro de un empresario estrato 6 ¿Qué nos queda? ¿Que el Gobierno ayude a todos? Sí. Pero la plata de un país como Colombia no aguanta para tantos, tanto tiempo. Así que nos toca hacernos a soluciones más creativas y, sí señores, a cuarentenas más inteligentes.

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