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Caterine Ibargüen es para mí el personaje de este año, ejemplo de valores y metas que debemos poner en práctica en 2019. El camino al éxito de la antioqueña nos enseña que debemos vivir mirando hacia el futuro, persiguiendo nuestros sueños, sin conformarnos con menos. Esto creo yo, podemos aplicarlo a nivel personal y empresarial.
Caterine está en constante evolución, preparándose y aprendiendo. Aunque comenzó su carrera como atleta desde pequeña, obteniendo su primera medalla a los 15 años, no cerró las puertas a otras oportunidades. En Puerto Rico estudió enfermería y culminó su máster en Administración en Servicio Recreativo y Deportivo, demostrándonos que aun mientras entrenaba y se esforzaba por el sueño de ser atleta profesional, nunca dejó de aprender y cultivarse en otros campos. Como emprendedores debemos ser especialistas en nuestros negocios, pero nuestro conocimiento no debe limitarse al mismo. Quienes son expertos en áreas complementarias a la propia logran una visión integral que pueden incorporan en la oferta para servir a los clientes de mejor manera, para crear un factor diferenciador, un mayor valor agregado.
La campeona del salto triple también nos enseña que debemos arriesgarnos, tomar decisiones difíciles con convicción férrea. Muchas veces tememos que cambiar nuestro rumbo puede derrumbar nuestros sueños, pero Ibargüen nos demuestra que el cambio nos puede traer un mejor resultado. Caterine comenzó su carrera en el salto alto, sin embargo, tras no clasificar en los Olímpicos de Pekín 2008, tomó la compleja decisión de reenfocarse. Como atleta se arriesgó a cambiar de especialización, y se dedicó al salto triple, disciplina en la que ha sobresalido de manera consistente y que la lleva hoy a ser la mejor atleta del año. Cuando emprendemos creemos que vamos por el camino correcto, y a pesar de no ver los resultados deseados nos mantenemos en el mismo lugar, por temor al cambio. Si bien la constancia es imperativa al éxito también lo es el estar abierto a alternativas y adaptarnos a medida que evoluciona el mercado.
El positivismo de la campeona del salto triple es la cualidad de mayor admiración. Su sonrisa cautivadora nos llena de energía cada vez que la vemos competir. La felicidad que irradia es de admirar, ya que se le nota que le apasiona su oficio, la llena y la hace feliz.
Nuestros negocios deberían también llenarnos de alegría, convicción y entusiasmo. Si en realidad estamos persiguiendo nuestro sueño a través de nuestros emprendimientos debemos vivirlo en plenitud. Siempre habrá altibajos, sin embargo, una actitud positiva puede marcar la diferencia entre sobrepasarlas y dejarnos derrotar. Puede conseguirnos aliados y abrirnos caminos inesperados.
La semana pasada la Iaaf condecoró a Caterine Ibargüen como la mejor atleta del año 2018. Soy una de los millones de colombianos que se llenó de orgullo patrio y admiración por esta gran atleta.
Entonces, ¿quién mejor que Caterine Ibargüen para ser el personaje de 2018? ¿quién mejor que esta poderosa mujer, que con una sonrisa en su rostro ha logrado conquistar el mundo? La campeona olímpica nos deja enseñanzas de vida y perseverancia para este nuevo año. Dejémonos contagiar de su verraquera y disciplina, pero sobre todo de la felicidad abrumadora que irradia.
Atinarles a las acciones “ganadoras” es muy difícil. Según el artículo académico “Long-Term Shareholder Returns: Evidence from 64,000 Global Stocks”, entre 1990 y 2020 cotizaron en las bolsas del mundo más de 64.000 acciones. Apenas 2,4% de ellas generó toda la riqueza neta que el mercado creó
Una inversión vale también por lo que obliga a hacer después. Tiene eslabonamientos hacia atrás cuando crea demanda de insumos e induce a producirlos localmente. Los tiene hacia adelante cuando lo que produce permite desarrollar otras actividades