Un fin superior (2)

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Hay oportunidades para que Santa Marta supere sus problemas y esto se logra si nos unimos

Es muy entretenido sentarse en el Parque Simón Bolívar de Santa Marta a disfrutar de un helado y ver pasar samarios y turistas, cada quien con su historia y cada cual en su mundo. Van y vienen, algunos con prisa, otros distraídos. Vi pasar una pareja de extranjeros indiferentes ante el asedio de un indigente, vendedores ambulantes persiguiendo clientes, perros callejeros husmeando por los jardines, varias personas con baldes plásticos, seguramente en la búsqueda de agua que por los días de Semana Santa estuvo muy escasa en la ciudad.

Unos señores mayores discutían, indignados, sobre política; familias paseaban y tomaban fotos con el mar azul de fondo; otros miraban folletos con la historia de la plaza, la más antigua de Suramérica, por donde han pasado muchas generaciones, epicentro de grandes hechos, de buenos recuerdos y también cuna de algunos males que hoy sufrimos.

Los periódicos locales contaban las noticias del día anterior. Los titulares de primera página eran: “Aterrador atraco con arma blanca”, “Carrotanques llevan agua a los barrios”, “Guardacostas rescató a 23 turistas que quedaron a la deriva” y uno más sobre la situación de funcionarios detenidos por supuesta corrupción. Tuve ganas de comprar un ejemplar para verificar si en las páginas interiores había buenas noticias.

Noticias buenas hay, sin duda, pero la sensación sobre lo que sucede en Santa Marta es negativa, estamos cargados de pesimismo, los servicios públicos son deficientes, la salud y la educación insuficientes. El comercio informal y la inseguridad se salieron de madre. El tráfico agobia.

Que no haya agua, más allá de la sequía y teniendo la Sierra Nevada a la vista, revela una cadena de improvisaciones y malas prácticas; que año tras año haya políticos cuestionados refleja que el sistema no funciona y que elegimos mal a nuestros gobernantes.

Sobre los turistas rescatados, o los dos suizos que se ahogaron a comienzos del año en Playa Brava, habría que confirmar si estaban en manos de guías informales y sin experiencia (como sugirió la prensa), y como sucedió el año pasado con un turista bogotano que murió arrastrado por el río Buritaca.

La lista de carencias, deficiencias y problemas es extensa y crece a medida que se va escarbando y dan ganas de buscar las causas y los causantes, pero lo más acertado sería preguntarnos qué podemos hacer cada uno de nosotros para mejorar, articularnos, buscar consensos sobre lo básico y acuerdos sobre lo prioritario. Todos, sin distinción de oficio, tenemos el reto de convertir a esta ciudad en la más bella, acogedora y amable de Colombia.

El turismo aparece como una salvación. Los reportes de las autoridades de turismo de Santa Marta confirmaron que para la temporada de Semana Santa llegaron a la ciudad 160.000 turistas (50.000 más de lo esperado) y que a pesar de la declaración de emergencia por el intenso verano “se cumplieron todos los planes de acción y fue una temporada positiva, que logró el Viernes Santo 91% de la ocupación hotelera”.

Hay oportunidades para que Santa Marta supere sus problemas y esto se logra si nos unimos en un bien superior, rechazamos las cosas que se están haciendo mal, denunciamos la corrupción y luchamos contra la cultura del todo se vale. Entonces cuidemos la ciudad, mejoremos la competitividad, para que los turistas regresen y traigan más turistas. Hagamos un Pacto por Santa Marta.

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