lunes, 23 de diciembre de 2019

Más columnas de este autor María Claudia Lacouture

El 2020 se perfila como otro año determinante en la consolidación del turismo en Colombia y en el proceso de generar las herramientas que le permitan al país obtener las divisas necesarias para equilibrar el déficit comercial. Con una coyuntura histórica: las nuevas autoridades regionales y el Gobierno Nacional tienen dentro de sus prioridades incentivar la inversión y ejecutar acciones concretas dentro del concepto fundamental del turismo sostenible.

He conversado con algunos alcaldes y gobernadores electos y me sorprendió de manera muy positiva el interés que todos mostraron sobre los asuntos del turismo y su claridad sobre la importancia de priorizar este sector como una opción viable para el desarrollo y una coyuntura especial para nuevas oportunidades.

Tuve la agradable impresión de que además hay claridad generalizada por desarrollar un turismo responsable, con una estrategia mucho más estructurada, mejor coordinada dentro de los departamentos, bajo el concepto de los corredores turísticos y con el propósito de promover la calidad de la oferta con opciones de experiencias complementarias, mejor infraestructura, capacitación adecuada y formalización necesaria.

Se percibe que su responsabilidad va más allá de proyectos políticos con ambiciones personales: los electos parecen haber entendido que recibieron un mandato claro, la voz de una juventud más sensible sobre los asuntos sociales y medioambientales, con una presencia activa de todos los estamentos de la sociedad y en medio de una movilización nacional que reivindica cambios en los sistemas de participación ciudadana y en la priorización de los modelos de desarrollo.

Los jóvenes exigen un mundo más transparente en el manejo de los asuntos públicos, una mayor defensa de los recursos naturales, piden justicia social, equidad, prosperidad y oportunidades.

En turismo, las tendencias son contundentes en ese sentido: los jóvenes prefieren ahorrar para viajar, conocer el mundo y tener experiencias diferentes y están menos atados a las ambiciones materiales de otras generaciones que priorizaron la seguridad laboral, el carro y la casa. Las nuevas generaciones pertenecen a un mundo de economía colaborativa, exigen acceso y facilidad de movilización, buscan destinos amigables que en lo posible les permita interacción con las comunidades y sus entornos naturales.

El ministro de Comercio, Industria y Turismo, también tiene excelentes expectativas de lo que será 2020. En una reciente entrevista, después de hacer un balance de las favorables cifras del turismo, anunció la llegada de unos recursos del BID para invertir en el ámbito de los servicios turísticos combinados con industrias creativas.

También anticipó que el Gobierno lanzará una política de turismo sostenible fundamentada en el respeto al medioambiente, al patrimonio histórico, a las culturas ancestrales, así como en la definición de la carga en los destinos y el involucramiento de las comunidades en la toma de decisiones.

Estamos frente a la oportunidad de lograr que el turismo sea prioritario y se cristalicen todas las buenas intenciones. Para lograrlo, y con el propósito regional alineado con el Gobierno Nacional, 2020 puede ser el año para darle la institucionalidad que le falta al turismo, ya sea con un ministerio o una entidad capaz de lograr la interacción entre turismo y cultura como mecanismo para potenciar la economía naranja.